De la euforia electoral al procesamiento judicial: tres semanas en la vida de Gerardo Morales

Domingo 1 de agosto del 2021

Escribe: Pablo Villarreal (*)

La política jujeña pasó por tres semanas que generaron los movimientos de un sismo, y en el epicentro estuvo Gerardo Morales. El gobernador pasó de la euforia a la preocupación, de una victoria electoral que lo afianzó en la provincia y lo proyectaba a las grandes ligas nacionales a la sombra de duda sobre su futuro político que significa su participación en el golpe de Estado en Bolivia de fines del 2019.

Todo comenzó el 27 de junio pasado. Ese día se realizaron las elecciones provinciales en las que un escueto 65% del padrón concurrió a votar para renovar 24 de las 48 bancas que conforman la legislatura jujeña. El Frente Cambia Jujuy liderado por Morales ganó caminando: sacó el 41,9% de los votos, seguido de lejos por el Frente de Todos PJ, con apenas el 13,5%. Tercero se ubicó el FIT con el 7,4% de los votos.

Morales vota.

Vigorizado por este triunfo aplastante, el primero de la alianza Juntos por el Cambio (ahora “Juntos”) en lo que va del año, Morales salió a jugar fuerte en la interna a nivel nacional para posicionar a la UCR y mostrarse como una de las figuras presidenciables de cara al 2023. Realizó entonces declaraciones muy críticas hacia los líderes del PRO por la manera en que se negociaron las listas en la provincia de Buenos Aires y en CABA. Señaló que tanto Vidal como Rodríguez Larreta habían debilitado la coalición: la primera por abandonar la provincia de Buenos Aires, en la que se supone que debería competir naturalmente; y el segundo por tratar de imponer candidatos en distritos que no son el suyo (haciendo referencia a Santilli, claro está).

Esta crítica está relacionada en el largo plazo a sus ambiciones presidenciales, pero en lo inmediato, no es otra cosa que un intento por posicionar a la UCR y a Facundo Manes en la provincia de Buenos Aires. El objetivo principal en ese distrito es ganar la interna frente a la línea del PRO, lo que es un aspecto crucial de las próximas elecciones como hecho político con consecuencias a futuro: si esas internas las gana el radicalismo, estaríamos frente a un retroceso del PRO hacia la Ciudad de Buenos Aires, su bastión; y un mejor posicionamiento relativo de la UCR de cara a la disputa interna del 2023. En palabras de Gerardo Morales: “(…) no da lo mismo que gane Santilli o Facundo Manes. Si gana Facundo, que es muy posible que pase, la ilusión es acercarnos a ganarle al candidato del Frente de Todos”.

Facundo Manes.

Esta insistencia en la candidatura del neurocientífico es también una devolución de favores y la consolidación de una alianza. Recordemos varios referentes de la UCR habían viajado hasta Jujuy para festejar el triunfo electoral del 27 de Junio, entre ellos Martín Lousteau, Maximiliano Abad (actual presidente de la UCR Buenos Aires) y el mismo Facundo Manes. Por eso en sus declaraciones de apoyo posteriores, Morales no dudo en usar la primera persona del plural: “Nosotros sí hemos decidido luchar contra viento y marea en la provincia de Buenos Aires. Queremos que haya un presidente radical en 2023″. Luego siguió con las críticas al PRO y sugirió, casi como un síntoma autorreferencial, que la solución a los problemas del país van a venir de las provincias: “No quiero un gobierno de CEO’s en 2023 si nos tocara gobernar. Necesitamos que haya política, que se conozca al país y no solo la realidad de la Ciudad de Buenos Aires. Argentina va a resolver sus problemas en la economía de la periferia hacia el centro”.

Y en esa avanzada se encontraba Morales cuando un comunicado del Estado Plurinacional de Bolivia cayó como un balde de agua fría. El pasado 9 de julio, Rogelio Mayta, canciller boliviano, dio a conocer una nota administrativa fechada el 13 de noviembre de 2019 (tres días después del golpe que derrocó a Evo Moral y puso en su lugar a Janine Añez) en la que las Fuerzas Aéreas Bolivianas agradecían al gobierno del ex presidente Mauricio Macri por el envío de material represivo y antidisturbios. De inmediato, los nombres de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Oscar Aguad y Jorge Faurie fueron señalados como cómplices necesarios y participes del golpe de Estado de fines de 2019, con el agravante de la injerencia extranjera en la política de un país soberano y el probable tráfico ilegal de armamentos.
Sin embargo, conforme pasaron las horas, otro nombre fue tomando relevancia. La nota presentada en conferencia de prensa por el canciller Mayta estaba dirigida a Normando Álvarez García, ex embajador argentino en Bolivia en el momento de la interrupción democrática de facto, actual Ministro de Trabajo de la provincia de Jujuy, miembro histórico de la UCR y hombre del riñón de Gerardo Morales. De hecho, había sido el mismo Morales quien le había sugerido a Macri que ubique a Álvarez García en La Paz a principios del gobierno cambiemita. De este modo, la UCR queda vinculada nuevamente a una posición profundamente anti democrática. El partido histórico que alguna vez supo ser el representante de las masas que clamaban por participar de la política, parece alejarse cada vez más de su tradición democrática luego de su alianza con el PRO.

Morales y García, atados a una misma suerte.

Durante esa misma semana, además, hubo una serie de manifestaciones a favor de la liberación de Milagro Sala, dirigente social que lleva como presa política 2000 días, y con la que Morales tiene un enfrentamiento personal. Las manifestaciones más relevantes tuvieron lugar en la Plaza de Mayo, donde se instalaron unas 2000 carpas, una por cada día que Sala lleva privada de su libertad, e incluso adquirió resonancia una manifestación en París con el mismo objetivo.

Unos días después, el pasado viernes 16 de julio, la organización Tupac Amaru volvió a infringirle un golpe político a Morales: lo denunció penalmente ante el fuero Criminal Federal en Comodoro Py para que se investigue su participación en el golpe de Estado contra Evo Morales en noviembre del 2019. Pero esta denuncia tuvo una particularidad importante: sobre todo, pidieron que se investigue la visita de Ivanka Trump en septiembre de 2019, apenas dos meses antes del golpe.

Morales con Ivanka Trump; vísperas del golpe de Estado en Bolivia.

Esta visita fue bastante particular y siempre levantó una serie de sospechas en Jujuy. En principio, porque la hija y asesora del ex presidente Trump visitó directamente la provincia, sin pasar por Buenos Aires ni juntarse con Mauricio Macri, y llegó en un avión militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Con ella habían llegado también el ex Secretario de Estado Adjunto, John Sullivan; y la ex Subsecretaria Interina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Julie Chung (El Departamento de Estado, como para que nos hagamos una idea de la relevancia de esa visita, es la cartera del poder ejecutivo de Estados Unidos que se encarga de la política exterior, un equivalente a nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores). Y también había formado parte de la comitiva el ex jefe de la Corporación Privada de Inversiones en el Extranjero (OPIC por sus siglas en inglés, una agencia gubernamental que impulsa inversiones privadas en países en vías de desarrollo), David Bohigian.
En ese momento la visita había sido justificada por al menos dos razones: la firma de inversiones para obras viales y para reforzar el rol de las mujeres en las economías regionales. Lo extraño es que las obras viales en las que la OPIC iba a invertir unos USD 400 millones eran en la rutas 7, que une la provincia de Mendoza y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y en la ruta nacional 33, que une Rosario con Bahía Blanca. Es decir, ninguna pasa por la provincia de Jujuy. Y a pesar de que el fortalecimiento de las mujeres en las economías regionales es una política de cierta relevancia, es raro que amerite la visita del segundo hombre más importante del departamento de Estado. Veremos entonces que impacto tiene en el futuro de Morales esta denuncia presentada por Alejandro Garfagnini, coordinador de la Tupac Amaru, y que recayó en el Juzgado Criminal y Correccional N°2 de la Capital Federal.

Milagro Sala, presa política de Gerardo Morales.

Volviendo a la política provincial jujeña, hay elementos para complejizar la lectura en torno a la victoria electoral “arrasadora” de Cambia Jujuy, el espacio político liderado por Morales. Más allá de que haya ganado por casi un 30% de los votos y que se haya quedado con 18 de las 24 bancas en juego, esta victoria tiene sus grises a futuro. En primer lugar, Cambia Jujuy viene perdiendo caudal de votos elección a elección: en los comicios a gobernador del 2015, cuando se consagró Morales y le quitó la gobernación a Fellner, el frente había sacado el 58% de los votos; en las legislativas del 2017 el espacio sacó el 46% de los votos; en las elecciones a gobernador del 2019 sacó el 44%; y en estas últimas sacó un 41%. Esto evidencia un desgaste progresivo del oficialismo a nivel provincial.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que el peronismo en la provincia viene atravesando una crisis de liderazgo desde el año 2015. Por eso, en las elecciones del pasado 27 de junio fue sumamente dividido y se presentaron unas 6 listas peronistas. Sin embargo, haciendo cuentas es fácil percibir que si esas listas lograran confluir detrás de una única figura, llegarían con cierta facilidad a un piso del 40% del caudal electoral. Entonces podríamos hablar de otro panorama político en Jujuy. Y esto podría ocurrir más temprano que tarde, porque de cara a las elecciones legislativas nacionales, en la provincia corren rumores de una posible unificación del peronismo que podría volver a presentar a Eduardo Fellner como figura fuerte, o a Rodolfo Tequi, actual Rector de la Universidad Nacional de Jujuy. Según indican desde la provincia, ambas figuras tienen la capacidad de aglutinar a las diferentes líneas del peronismo.

Un paso más hacia esa unificación se dio el miércoles pasado, cuando se presentaron finalmente las alianzas que ven a competir en las PASO del 12 de septiembre próximo. En la provincia de Jujuy se anotaron cuatro frentes: Cambia Jujuy, la alianza de la UCR, el Pro y el Partido Socialista que lidera Morales; el Frente de Todos, que contiene al Partido Justicialista, la Concertación Forja; Nuevo Encuentro por la Democracia y la Equidad; el Partido Solidario, Instrumento Electoral por la Unidad Popular; Kolina; Arriba Jujuy y Miles; el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT); y el Frente Una Nueva Opción (UNO), que unifica a una serie de partidos provinciales.

Por lo tanto, aunque todavía no están confirmados los candidatos que va a presentar, el peronismo va a ir unificado. Esto sin dudas será un dolor de cabeza para la UCR y Juntos por el Cambio en la provincia norteña, porque además de su desgaste político, Morales está cumpliendo su segundo mandato, lo que genera un problema de sucesión de cara a las próximas elecciones.

Entonces, la hegemonía política del macrismo y de Gerardo Morales en Jujuy parece estar llegando a su ocaso. El dirigente radical norteño que había salido a jugar fuerte en política nacional luego del triunfo del pasado 27 de junio, hoy aparece cercado por la unificación del peronismo en la provincia y por las causas judiciales que lo vinculan al golpe de Estado en Bolivia.

(*) Politólogo y becario doctoral CONICET.