La inflación como una decisión política autopercibida

Miércoles 4 de agosto del 2021

Escribe: Enrique Aurelli (*)

Ilustraciones: TORRESCATIVA

Ayer Kayser en su report diario, plasmó una de las mejores explicaciones respecto a la transferencia de recursos económicos desde los pueblos del mundo a los grandes concentradores de la riqueza que producen alimentos industrializados o no. Hizo un recorrido entre los hechos políticos y económicos que la banca concentrada mundial generó para imponer el sistema de finaciarización, mostrando cómo, a través de simples, instituidos y desapercibidos mecanismos, lograron que los gobiernos transfieran el dinero que invierten los Estados para combatir la exclusión, sobre todo el invertido en alimentos, es acaparado por un minúsculo sector de la población de los países.

Explicó en breves palabras cómo el dinero que llega por diversos impuestos y programas de gobierno a sus estados/pueblos es recogido nuevamente por estos obscenos millonarios a través de rulos de triangulaciones de repago/giro, subsidios, incentivos, aportes o a la suba desmedida de precios. Mientras el pueblo se sigue quedando con la deuda.

Ilustra: TORRESCATIVA.

Existe una falta de instrumentos reales para el control de los precios, sobre todo de alimentos, servicios, alquileres y otros bienes fundamentales que garantizan la vida de cada unx de nosotrxs. Si se hace una acción de gobierno para garantizar alimentación de una familia, siempre está condicionada por la falta de control, reglamentación y sanción rápida de los proyectos que la garanticen. Esto termina siendo un acto de magia de dicha política de gobierno, parece una acción buena, popular, que garantiza la vida, cuando en realidad es sólo un anuncio vacío lleno de buenas intenciones, pues cuando vas al supermercado o a la carnicería, esos alimentos tienen un precio que supera exponencialmente el poder adquisitivo y el valor real de producción, distribución y una tasa justa de ganancia para quien lo produce, re potenciando este invento llamado inflación creado por el capitalismo para continuar transfiriendo y concentrando la riqueza y el poder efectivo en unos pocos.

Esta simple y no ingenua acción nos hace preguntarnos, ¿qué pasa que los técnicos formados para dilucidar estos rulos no logran generar mecanismos que vayan de la mano del control efectivo de esta variable impuesta que determina el éxito o fracaso de una política pública o de ganar o perder una elección? Y ¿qué pasa en el proceso de confirmación o rechazo de esos precios por parte del pueblo?, Aquí entra un nuevo vector que es el de la percepción del ciudadano, de lo que es aceptable o no, de lo que se percibe como bien o mal, y lo más importante: la ratificación, la convalidación de esos precios o la resistencia y organización colectiva en defensa de su salario. El salario es lo que nos permite tener una vida más o menos sana, feliz, justa… Y es aquí donde las preguntas crecen y se abren en múltiples planos, todos interdependientes, pues no se puede defender la vida de cada familia si no se conocen los procesos, los cómo, los por qué. Son estos mecanismos de percibir y sentir los los que juegan malas pasadas formando sentidos comunes errados que van en contra de nuestras vidas, mecanismos muy bien trabajados y formados a través de simulaciones educativas de décadas, para levantar el umbral de dolor- entendido como aceptación.

Durante estos dos años de gestión de nuestra coalición de gobierno vemos vectores de fuerzas que trabajan con la conformación del sentido común, a través de sus políticas de Estado también vemos la valijita de herramientas con las que cada uno llega a la gestión pública, y ahí es donde saltan los tapones, se entremezclan todas esas mixturas y se entra en contradicciones respecto al contrato electoral que nos llevó a ganar una de las elecciones más complejas de las últimas décadas, (donde se dirimía al igual que en unos meses) ese umbral de dolor que regirá para los tiempos que vienen en nuestras vidas. Es increíble que mientras los números de la economía macro arrojan indicadores “positivos” en términos de lo que está “bien”, los números de exclusión también crecen. Algunos piensan que esto se regula con una renta básica universal, con un aporte a las grandes fortunas, con el capitalismo bueno. Otros pensamos que poner el eje en la vida y lo necesario para garantizarla tiene que ser el centro.

Sabemos que cada persona tiene diferentes umbrales del dolor, pero todos sabemos más o menos qué es el dolor. Con el hambre, la salud, la vivienda, la educación, la economía, la política, el comercio, pasa algo similar, todos sabemos más o menos lo que está bien, lo aceptable o lo que está mal. Cualquier definición de método aplicativo a una acción es lo que culturalmente fue adquirido en un tiempo y lugar determinado y lo regirá como aceptable para ese periodo por las personas que vivan durante él. Y, nobleza obliga, debemos decir que vivimos en un periodo donde el capitalismo sigue siendo el sistema económico con el cual gobiernan nuestros sentidos de la realidad, de lo que está bien o, en el peor de los casos, de lo posible., Nos condenaron (los dejamos) a vivir la realidad creada por los escribas de auto percepciones de los dueños del planeta. Es claro que una cosa es creer en «La metodología de la economía liberal/neoliberal positiva” de la escuela de Friedman y otra es combatirla. Nuestros gobiernos populares, en términos educativos y económicos, ¿las combaten? Las principales universidades de nuestros países siguen estructurando sus materias y transfieren conceptos, reglas métodos y diccionarios clásicos neoliberales a la cabeza de los futuros hacedores de las políticas públicas. Seguimos jugando en la cancha del enemigo. Es muy difícil partiendo de allí que los nuevos técnicos comprendan hacia donde ir y con qué herramientas, si bien declaman que la economía es política, la ejercen sólo como herramienta para que los números den bien y no con la gente adentro. Toda acción de gobierno debe estar supeditada a garantizar el buen vivir de sus ciudadanos, es decir, debe tener a la vida y a las personas como centro y todo debe órbitar a garantizar más y mejores vidas en una estricta armonía con el territorio en donde vivimos, ya sea la ciudad, la provincia, el país, el continente o el planeta.

Ilustra: TORRESCATIVA.

Claro que esto es -para los coptados por el pensamiento hegemónico de los modelos de maximización de ganancias como una utopía- descalificado a puro pragmatismo en función de un bienestar… bienestar claro… pero el de sus amos.

Entonces, es aquí donde hay que revisarse, hay que deconstruirse en cada plano y reconstruirse rápidamente para integrar pensamientos desde lo individual a lo comunitario, abandonar los yo, y avanzar en los nosotros. Recuperar cada palabra de esa normativa jurídica ejemplo del mundo que fue la constitución argentina de 1949, sobre todo el concepto de propiedad social.

Sin un real modelo de empatía hacia lxs seres humanos y a la vida toda, difícilmente se pueda dar la batalla que atraviesa la humanidad en un contexto de crisis económicas inducidas cíclicamente, que siempre terminan con el mismo resultado, más concentración de las riquezas, exacerbación de la financiarización de la vida, manipulación de lo percibible y sujeción por negación de la organización y la solidaridad entre humanos.

Y acá, siguiendo los multiplanos que intervienen garantizando el funcionamiento de este gran sistema de expoliación donde intervienen variopintos sectores rentados de la estructura social, -que son indispensables para el funcionamiento de un Estado-, se desenvuelven los agentes técnico jurídicos, las fuerzas de seguridad, los ejecutivos de las políticas regidas por las normas establecidas por legislaturas, el poder judicial y un exacerbado aparato de propaganda.

A pesar de la relevancia institucional y política de su contenido, la cobertura educativa y mediática que reciben estos temas, más las interpretaciones propuestas por la principal fuerza social siguen siendo limitadas y sesgadas para una real apropiación y transformación a favor del pueblo. El necesario y acuciante debate que pondría a toda la sociedad a hablar de sus implicancias y alcances -como el del Paraná- brilla por su ausencia en el ámbito político con decisión. Esto no es de extrañar. Al fin y al cabo, nos encontramos en un momento político del país en el que todo parece ser interpretado exclusivamente bajo la lupa de “la grieta”, y parece casi utópico demandar templanza y responsabilidad frente a la política pública cuando todo es leído en función del rédito político de corto plazo.

Toda esta ingeniería -dependiendo hacia donde se emprenda el rumbo- está condenada a asegurar la continuidad efectiva del poder real, siempre ejercido por el concentrador de la riqueza, es allí donde vemos lo que expresamos al principio de estas palabras: una política pública establecida para garantizar la vida digna como la de la tarjeta alimentar, termina favoreciendo no al destinatario sino a quienes se hacen del dinero pagado a los productores monopólicos de alimentos. Y me dirán porqué, y podríamos responder: porque para que esa política de Estado sea realmente efectiva la ecuación debería involucrar otras variables que vayan en el mismo sentido, para empezar hegemonía en cuanto a la comercialización en todo lo estratégico, que el estado tenga conocimiento real y control efectivo de toda las cadenas de producción de alimentos, (de sus costos, de su logística, de garantizar que ese recurso estratégico para el día a día sea (en términos de salud) efectivo para garantizar humanos que sean fuente de valor en términos sociales. ¿A qué nos referimos?, a que si una persona come bien, sus posibilidades de enfermarse serán reducidas, su desempeño cognitivo será diferente, si crece en un hábitat que respete el medio ambiente, sus expectativas serán diferentes, por ende los Estados, en términos capitalistas, gastarán menos.

También podríamos recorrer la cadena de producción del conocimiento de nuestras universidades públicas. La mayoría de lo producido con recursos humanos y económicos por el Estado, termina en manos de una corporación (por lo general monopólica trasnacional), ni qué hablar de los paquetes tecnológicos que compramos a diario para todo. Cuando el desarrollo del conocimiento de la humanidad nos indica que el mismo no debería ser usado para lucrar sino puesto al servicio de una vida armónica, igualitaria y equitativa. Si lo pensamos, nada de lo hecho por las élites gobernantes desde el capitalismo fue en este sentido, nos normalizan un sentido de meritocracia en vez de uno de equidad; nos embullen en la lógica de la depredación y supremacía del más apto en vez de los valores de comunidad, de la interpelación necesaria para supervivencia de todos, y de todo lo vivo necesario para desarrollarse dignamente. Sólo basta recorrer los hechos respecto a nuestro comercio exterior, poniendo especial énfasis en el negocio de los agroexportadores, desforestando nuestros montes y bosques, corriendo la frontera natural a fuerza de gentrificación y agrotóxicos que matan a nuestra gente y condenan a generaciones; la secante de nuestros ríos como el Paraná es un claro ejemplo de un ciclo natural intervenido por estos irresponsables y codiciosos agentes de las multinacionales. Otras acciones o inacciones se pueden ver en cómo algunos pretenden regalar 45.400 millones de dólares “prestados” por el FMI para obras que nunca llegaron a nuestro país, o beneficiar a Telefónica Argentina con 1.248,2 millones de dólares, o a Pampa Energía SA (del grupo Midlin y Josep Lewis) con 903,9 millones de dólares , y cuenta con empresas como Monsanto Argentina SA (donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual Presidente de CIARA-CEC y conspicuo miembro del Consejo Agroindustrial Argentino); Grupo Clarín con Directv Argentina S.A. y Telecom Argentina SA; el grupo Techint con Siderar SA; Hidrovía Paraná SA (que es la empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná que venció el 30 de abril de 2021); Aceitera General Deheza, una de las grandes beneficiadas con tres puertos propios (uno de ellos socio con la multinacional Bunge) en los 70 kilómetros del nodo portuario del Gran Rosario-Santa Fe; y también están Arcor SA de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasanny ; el Banco HSBC; y el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain,o lo que se hace con la pesca en manos de empresarios españoles y fondos buitres, o con el litio, hidrógeno, gas natural, medios de comunicación entre otros. Y eso que no profundizamos en quienes son las empresas que producen la energía que usamos en nuestras casas -¡si podemos pagarla!!-.

Ilustra: TORRESCATIVA.

Claro está que no se puede continuar declamando nacional y popular mientras se sigue entregando lo que produce el dinero que necesita el país para que su pueblo viva bien con las inmensas riquezas que posee, no recuperar efectivamente la centralidad en todos nuestros recursos estratégicos nacionales como lo hicimos en el periodo de 1945/55. nos condena a los caprichos del imperio, sus corporaciones y sus agentes.

Creemos que lo primero es recuperar la dignidad del pensamiento, la confrontación de ideas, garantizar el acceso a las ideas, recolectar las interacciones y plasmarlas en acciones. Claro que esto requiere organización, posponer los egos y promover una real articulación de democracia participativa, también replantearse lo que asumimos como estructuras establecidas inamovibles. ¿Como cuáles?, bueno, imaginemos que un papelito pintado llamado Dólar tiene cierto valor, y que este valor es el que determina si tu familia va a comer polenta o frutas, carnes y verduras, te dice cuánto vas a poder comprar, te dice si vas a poder pagar el alquiler, vestir a tus hijes, o estar calentito en el invierno, te dice si tu trabajo es mejor o peor de acuerdo a la cantidad que dicen que vale tu trabajo. ¿Acaso es menos valioso el trabajo de quien siembra, recolecta papas en el campo que el del médico que te atiende en una Guardia de hospital?, ¿es más valioso el trabajo de un pescador de ultramar embarcado en un buque pesquero trasnacional, que el de un docente?
El flamante presidente recientemente asumido del Perú, al renunciar a un sueldo elevado y ponerlo al mismo nivel del de un docente, ¿no nos interpela en este sentido?

Y es aquí cuando vemos los interés detrás de la cortina, cuando leemos algo como lo publicado por el Departamento de Estado de Estados Unidos (su tradicional reporte sobre el clima de inversión en distintos países), respecto nuestro país expone como datos (o aprietes le dicen el barrio) principales la “alta inflación, la incertidumbre sobre el futuro y el intervencionismo estatal”.
La administración de Washington traza los principales rasgos -desde su visión de la economía-, la comunidad de negocios y las reglas que imperan en los países de la región, el texto se basa en “informes” de las empresas norte americanas radicadas aquí y está dirigido a inversores…
Este informe, (si no otra forma de injerencia real y concreta en las políticas trazadas por un Estado soberano para combatir las mismas acciones que tomó ese país respecto a la economía mundial, las mismas acciones que generan en nuestros países el método más brillante que establecieron los imperios amparadas en estructuras republicanas, democráticas dentro del capitalismo) como instrumento aceptado se roba tu salario todos los días, a través de lo que todos conocemos como inflación.

El mundo está cambiando de como lo conocemos, -el calentamiento global, la pandemia, la contaminación por agrotóxicos, la deforestación, la sequía, el hambre, los economistas capitalistas y empresarios que sólo piensan en sus ganancias, la política que se cierra en vez de continuar por el camino de más participación (necesitamos más dirigentes y jóvenes comprometidos, más democracia interna, el acontecer diario lo reafirma)- y los beneficiarios siguen siendo los mismos. Y es acá donde podemos hacer caso omiso de esta realidad o ser parte de pensar y hacer nuevas formas, métodos y procedimientos que den marco a algo nuevo, distinto a como está preestablecido, que nos contenga a todos. Si y sólo si hacemos nuestra parte, estas utopías que planteamos aquí pueden generar el cambio necesario, el buen vivir, el “para todos, todo”.
¿O acaso un loco pingüino no demostró qué era posible cuando vino a proponernos un sueño?

(*) Miembro de la Mesa de Trabajo por la Recuperación Nacional y militante de Templanza Suramericana La Cámpora.