Ni 30 monedas de plata

Jueves 19 de agosto del 2021

Columna del Imperio «Yanquis Go Home» con Juan Garda para #NoNosQuedaOtra por #la990. Afganistán y cómo EEUU abandona a los traductores que les permiten llevar adelante sus aventuras bélicas; amenazas de los talibanes, y los procesos burocráticos que les significan la vida o la muerte.

Escuchá la columna completa:

La retirada Yanqui de Afganistán.

Hoy vamos a hablar de Afganistán. Y ustedes dirán: «uffff, otra vez». Porque hoy vemos a Afganistán hasta en la sopa. Pero no vamos a concentrarnos en cómo ni por qué los EEUU perdieron una guerra contra una fuerza armada sin tanques, aviones, drones ni helicópteros; sino solo con camionetas y AK-47. Ni vamos a llamar la atención sobre los abusos cometidos por lo talibanes contra las mujeres (los mismos que lleva a cabo la realeza Saudí, que como son aliados yanquis no aparecen en las noticias). Sino que nos vamos a concentrar en cómo los EEUU abandonan a aquellos que les permiten llevar a cabo sus aventuras imperiales.

Hoy entonces vamos a concentrarnos en el rol de los traductores, un tipo particular de colaboracionista, sin el cual, los EEUU no podrían ni soñar en conducir operaciones militares en el extranjero.

Porque los traductores no sólo les permiten entender el idioma de las personas que invaden, sino que también les dan conocimiento del terreno y ayudan a ganar la confianza de aquellos civiles que sobreviven el ataque y evitan ser contabilizados como daños colaterales. Sucede que este mismo papel fundamental que cumplen para el ejército norteamericano, los vuelve un blanco para las fuerzas de la resistencia que los ven como el tendón de Aquiles del ejercito yanqui, pero también de las bandas criminales que saben que, por trabajar para los yanquis, tienen acceso a dólares, un bien difícil de encontrar y por lo tanto de gran valor en los países invadidos.

Si bien el Congreso norteamericano en 2008 y 2009 promulgó leyes especificas para otorgar visados especiales para colaboracionistas de Irak y Afganistán. De las 1500 visas que podían entregarse en 2011, solo 3 personas lograron emigrar a los EEUU. Y esto es así, por el mar de trabas burocráticas que los peticionantes tienen que sortear antes de llegar al país por el que arriesgan sus vidas.

El proceso en sí implica catorce pasos y un tiempo de espera que puede variar entre algunos años y una década.

Comienza con el formulario DS-157, donde consta toda la información de la persona, y tiene que ir acompañado de un documento de identidad, una prueba de nacionalidad, una copia de su identificación laboral provista por EEUU y dos cartas de recomendación: una del responsable de RRHH del sector y otra de su superior inmediato (si no pueden encontrar a alguno de esos dos, tienen que llenar el formulario DS-158 para ubicarlos). Una vez completo eso y una espera que puede variar entre meses y años, la persona queda en estado de «peticionante» y debe recomenzar el proceso, esta vez llenando el formulario I-360 (que contiene la misma información que los anteriores) y debe solicitar una entrevista en la embajada yanqui (cosa difícil si uno esta en el frente de combate). Completa la entrevista, tiene que llenar el formulario DS-264 (con preguntas tales como ¿viene usted a EEUU a practicar la poligamia?) y también conseguir: examen medico, vacunas, chequeos de antecedentes, pasaporte y pasajes a EEUU; todo de su propio bolsillo.

Y una vez hecho todo esto, a esperar de vuelta entre meses y años. Y es importante señalar que esto no garantiza nada, ya que aún así pueden denegarles la visa. Mientras tanto, los traductores esperan sufriendo amenazas de muerte y el secuestro de sus familiares. Sólo en Afganistán y entre 2014 y 2021, mas de 300 traductores fueron asesinados por los talibanes mientras esperaban la aprobación de sus visas.

Quienes más han hecho para lograr que emigrasen los traductores y sus familias, son los propios soldados a los que les salvaron la vida innumerables veces. Ya que crearon ONGs, páginas de crowdfunding (una manera de juntar fondos similar a lo que hace Santiago Maratea en Argentina) y hasta se encargan de llenarles el papeleo con la esperanza de, al tener apoyo local, poder rescatarlos mas rápido. Pero pese a todos los esfuerzos de los soldados, el mes pasado más de 53.000 personas que colaboraron con la invasión norteamericana esperaban aun su turno para emigrar. Al tiempo que el gobierno norteamericano presentó como un logro haber permitido el ingreso de 2.500 en el mes de julio

Vale aclarar que a ese ritmo iba a tomarles 2 años sacarlos a todos y todas, mientras que el gobierno afgano colapsó en menos de un mes. Asimismo, hubo dos casos en los que la extracción se dio de forma casi inmediata: Un burro iraquí con el que las tropas se habían encariñado y una unidad de perros que los yanquies habían llevado a Afganistán y que abordaron su avión en el aeropuerto de Kabul, al mismo tiempo que gente desesperada se colgaba de las alas y el tren de aterrizaje del aparato tratando de salir del país. No digo que los animales no sean importantes, pero deja en claro cual es el valor de la vida de los colaboracionistas para los EEUU.

«Muchos de los traductores fueron identificados por los talibanes, que los llaman por teléfono para amenazarlos de muerte»

Así como los yanquis les prometieron evacuarlos, ahora los talibanes les prometen perdonarles la vida si se arrepienten públicamente de su traición. Resta ver, entonces, si los talibanes cumplen sus promesas. Lo que está claro, es que los EEUU no lo hacen y ahora esas vidas están en las manos de los barbudos que le ganaron una guerra al ejército mas poderoso del mundo, armados solo con camionetas, AK-47 y una determinación fanática.