El Antropoceno: radiación, micro plásticos y basura digital

Lunes 23 de agosto del 2021

Columna «No esta bien, esta mal» de Nicolás Dulcich para #NoNosQuedaOtra por #la990. La arqueología del futuro y un cambio radical debido al impacto del cambio climático; la actual formación de una capa global de radiación; la necesidad de un cambio en el proceso de estudio de la arqueología; y un sistema depredador que debemos detener.

Escuchá la columna completa:

Catástrofe.
Catástrofe.

El Antropoceno: radiación, micro plásticos y basura digital

Hace unos días la revista británica de investigaciones arqueológicas Antiquity, publicó un artículo de Peter Campbell (antropólogo y Dr. en arqueología) llamado “El Antropoceno, híper-objetos y la arqueología del futuro pasado.

En el trabajo, Campbell propone que las/os arqueólogos del futuro tendrán que cambiar radicalmente su forma de trabajar y entender su objeto de estudio.

Según él, la cultura material (los objetos, los sitios, los yacimientos, los documentos, restos humanos, etc.) jugará un rol cada vez menor como medio de acceso al entendimiento del pasado en relación con otras (nuevas) formas de información cultural ¿Por qué? Porque el cambio climático, la contaminación global y la radiación están provocando un impacto indeleble en la forma en que los humanos veníamos dejando “marcas” de nuestro paso por el mundo.

Así como existe un horizonte geológico y cronológico que señala el final de la era Mesozoica y el comienzo de la era Cenozoica (identificable a través de una estrecha capa de la corteza terrestre originada por un meteorito que habría impactado con la tierra, hace aproximadamente 66 millones de años, y habría derivado en la extinción masiva de las ¾ partes de las especies animales y vegetales de la tierra), actualmente se está formando una capa global de radiación, químicos y plásticos que distingue el límite entre el Holoceno (la última era de hielo) y el Antropoceno (nuestra era actual, que comenzó hace alrededor de 10.000 años). Esto puede verse, por ejemplo, en el hecho de que cualquier persona nacida en la segunda mitad del siglo XX lleva impresa sobre sí una parte de esta capa global de radiación: los/as antropólogos forenses pueden distinguir si un individuo nació antes o después de 1950 tan solo estudiando los niveles de radiación presente en nuestros dientes.

«cualquier persona nacida en la segunda mitad del siglo XX lleva impresa sobre sí una parte de esta capa global de radiación»

Otro índice de esta nueva capa global de radiación son los micro plásticos. Éstos proliferan en todo el planeta, al punto de alcanzar áreas completamente deshabitadas por nuestra especie. De hecho, el depósito de “cultura material” más grande de la tierra es la llamada «Gran Mancha de Basura» que apareció en medio del océano Pacífico: se trata de millones y millones de micro fragmentos de basura humana, del tamaño de un grano de arroz, que están contaminando y destruyendo lentamente el ecosistema oceánico. Es difícil calcular su superficie, pero las especulaciones más conservadoras la estiman en 710.000 km² (más de dos veces el tamaño de la provincia de Buenos Aires).

«La isla basura» del Pacífico. Foto: blog.richmond.edu

Además, la biomasa humana (incluyendo todos los animales domesticados) supera en 20 veces la biomasa de todos los mamíferos en estado silvestre. Según Campbell, ya podríamos haber superado el umbral de las especies visibles en el registro paleontológico, al igual que toda la megafauna del Pleistoceno. La comparación asusta.

El cambio climático que producimos bajo el modo de producción (y de consumo desigual) capitalista ya produjo niveles de CO2 superiores a los últimos tres millones de años. Cada día, nuestra especie genera 2.5 trillones de bytes de datos “virtuales” (¿un arte rupestre digital?). Una sola transacción de Bitcoin tiene la misma huella de carbono que 680.000 operaciones con VISA o que mirar 51.210 horas en YouTube.

Si sobrevivimos a este sistema depredador, la arqueología del antropoceno tendrá que redefinir el campo. No serán ya los artefactos de esta era los que “cuenten” la historia a los/as humanos/as del futuro, sino los ecofactos, la arqueoenergía, los hiperfactos (entre ellos, el COVID.19) y los artefactos digitales. Estas nuevas formas de información cultural persistirán durante siglos y la arqueología deberá adaptarse a ellos para estudiar el pasado (si es que llegamos a hacerlo).