Panza llena, corazón contento

Lunes 30 de agosto del 2021

Columna «No está bien, está mal», con Nicolás Dulcich en #NoNosQuedaOtra por #la990.

Escuchá la columna completa:

 

El sábado pasado circuló en redes sociales un video que arengaba a “comer menos carne para salvar el planeta”. El video está protagonizado por Fabricio Ballarini (@FabBallarini), Dr. en biología e investigador del CONICET. Según su perfil de Twitter, Fabricio dirige la carrera de Bioingeniería en ITBA, una universidad privada, y en los últimos años ganó popularidad como divulgador científico. Hizo radio junto a Mario Pergolini, apareció en Paka Paka durante los años del macrismo y colabora ocasionalmente en el sitio web Chequeado.

El video en cuestión nos lleva a abordar un tema que ya desarrollamos algún tiempo atrás en otra dos notas, «¿Mala leche?» y «Omnivorismo o extinción». Esto nos sugiere que se trata de un fenómeno creciente: cada vez parecen ser más las personas que militan una dieta restringida a una selección singular de alimentos. Por lo general, estas personas sostienen un discurso punitivo sobre la dieta omnívora, una práctica ancestral y constitutiva de nuestra humanidad llegando, en ocasiones, a protagonizar actos de violencia.[1]

El mensaje del video es engañoso desde su título: “comer menos carne para salvar el planeta”. Partiendo de un esquema binario muy básico, se plantea un problema y una única solución: es el planeta o tu plato de carne ¿qué vas a elegir? ¡Ojo! Pero a medida que pasan los minutos, la trampa sube un escalón para convertirse en un evidente mensaje panfletario al afirmar que: “La mejor evidencia científica disponible [¿?] nos dice que comer carne no es un alimento necesario para lograr el correcto crecimiento y desarrollo de ninguna etapa de la vida”. Según una evidencia que se omite, la carne sería mala per se.

Se presenta así un escenario apocalíptico en el que problemas muy serios como la deforestación, la destrucción de los ecosistemas, el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, en fin; el cambio climático todo, es responsabilidad exclusiva de la ingesta humana de animales. Y tamaña afirmación, claro está, sería la conclusión definitiva de “la ciencia”. Lo que hace Ballarini, en realidad, es exteriorizar una opinión subjetiva haciéndola pasar por verdad “científica” universal. Desde la epistemología (una rama de la filosofía que estudia el método científico) se conoce a esta operación con un nombre: cientificismo.

¿El problema es la comida o el sistema en el que se produce?

Como no queremos aburrir, podemos decir brevemente que el cientificismo profesa una fe ciega en las potencialidades intrínsecas de la ciencia en tanto disciplina. Supone un carácter universal y absoluto de la ciencia (perdiendo de vista los intereses políticos, económicos, nacionales, religiosos, etc., detrás de ella) y asume su total objetividad en lo que concierne a su método y criterios de valoración. Así, el presentador se autopercibe como un científico-impoluto, exento de las frivolidades del mundo terrenal y, por ende, “objetivo”. Por ello no es capaz de identificar el modo en que su subjetividad, y la de sus colegas, están profundamente permeadas por valores, opiniones e ideas preconcebidas. Es una mirada naif que imagina una “comunidad” de científicos/as desinteresados y refractarios a cualquier tipo de influencia externa.

El video pone el foco del problema sobre nuestra dieta y omite un análisis sistémico que incluya otras variables posibles. Además, desconoce una enorme porción de la literatura científica que contradice sus postulados. De esta manera, se aseguran cosas tan insólitas como que: “La gran mayoría de la población tiene fácil acceso a los alimentos porque vive en ciudades [¿?], por lo que cambiar de dieta solo requiere de tu voluntad”. Es decir, no sólo no se problematiza la desigualdad existente en torno al acceso a los alimentos sino que, además, se propone una “salida” de corte individualista. El video adosa una carga moral negativa sobre aquellas personas que no actúen siguiendo el sentir del presentador al tiempo que, sospechosamente, distrae la atención respecto del modo de producción, distribución y consumo de los alimentos.

Por todo esto, decimos que el video No está bien, está mal. Sencillamente basta con prestar atención al hecho de que durante el 95% de nuestra existencia como especie practicamos un modo de vida omnívoro, que incluyó la ingesta de animales y, sin embargo, el cambio climático no estaba en el horizonte. Así lo sugiere la arqueología, la paleontología, la antropología, la historia…[2] Por ende, la conclusión evidente es que no se trata de una antinomia Carne vs. Planeta. El problema no está en la dieta sino, más probablemente, en cómo producimos, distribuimos y consumimos nuestros alimentos ¿Tendrá el capitalismo algo que ver en esto?

A través de este mensaje que, insistimos, prescinde de un necesario Estado de la Cuestión (base de cualquier investigación científica que se precie), se tributan elogios a una dieta sin proteína animal y se glorifica la supuesta superioridad de la dieta vegetal. Pero, hete aquí que la única forma orgánica de lograr una nutrición completa es practicando una dieta omnívora (invitamos a sospechar de estas líneas y corroborar esta información con al menos dos o tres profesionales). Por eso, las personas que rechazan la ingesta de proteína animal se ven forzadas a incorporar artificialmente vitamina B12 para suplementar la deficiencia nutricional de su dieta. Y ésta no sale de una huerta orgánica sino que es un producto industrial desarrollado por laboratorios. Dada la complejidad de su síntesis química (hablamos de ingeniería genética, los tristemente famosos transgénicos), la vitamina B12 se obtiene por medio de la producción biosintética de una variedad de bacterias.[3]

¿Será buena idea cambiar la carne de animales por píldoras de laboratorio? El frasco de vitamina B12 comercializado por Puritan’s Pride de 100 ml que se consigue en Mercado Libre por $3.500 pesos, por ejemplo, es elaborado por Vitamin World USA Corporation. Esta última forma parte de un conglomerado multinacional llamado Feihe Int. que, paradojas de la vida, resulta ser el mayor proveedor de leche de fórmula para bebés en China.[4]

Por todo esto, queda claro que ensañarse con la carne no nos va a llevar a ningún lado. En la medida en que el mundo se rija pura y exclusivamente por el afán de lucro y la voracidad sin límite, entonces, seguiremos viviendo en la anarquía. El planeta continuará siendo depredado y seguirán habiendo seres humanos explotados por otros humanos. Es evidente que el actual modo de vida no es sustentable y que necesita ser replanteado. Pero estamos convencidos de que, mientras hacemos lo posible por cambiar el mundo, lo recomendable es seguir comiendo de todo y ayudar a que todos/as puedan hacerlo, diariamente y de forma equilibrada.

[1] AGUIRRE, P. (2017) Una historia social de la comida. Lugar Editorial, Buenos Aires.

[2] HARRIS, M. (1998) Good to eat. Riddles of food and culture. Waveland Press Inc., Illinois.

[3] Los laboratorios suelen usan principalmente dos variedades de bacterias: Pseudomonas denitrificans y Propiobacterium shermanii. Ver: MARTENS, J.H., BARG, H., WARREN, M. et al. Microbial production of vitamin B12. Appl Microbiol Biotechnol 58, 275–285 (2002). https://doi.org/10.1007/s00253-001-0902-7

[4] “China’s Feihe International to buy Vitamin World: sources” Reuters. December 18, 2017.  https://www.reuters.com/article/us-vitaminworld-m-a-feihe/chinas-feihe-international-to-buy-vitamin-world-sources-idUSKBN1EC2R1