Interrupción Voluntaria del Embarazo: La vida después de la legalización

Sábado 4 de septiembre del 2021

Escribe: Bernardita Castearena

“¿Y ahora qué hago?”, se preguntó Josefina mientras salía de una clínica privada con una ecografía que confirmaba un embarazo gemelar de doce semanas de gestación. El comité de ética del sanatorio en el que se había atendido durante todo el tratamiento por un linfoma marginal de MALT, decidió que el estudio que comprobaba que el tumor había desaparecido, eran razón suficiente para no poner en práctica el protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE). En la reunión no se contempló el efecto que la medicación oncológica podría hacer en esos fetos, aún sabiendo que tenían muy bajas probabilidades de sobrevivir y que Josefina iba a tener que hacer, como mínimo, cuatro meses de reposo absoluto. 

La primera muestra de contención, la encontró en un centro de salud que le habían recomendado y en el que una médica le explicó que nunca se había tenido en cuenta su salud mental, que era algo que se contemplaba más allá del deseo. Acto seguido, le dio una caja de Misoprostol y la paciente se fue a su casa para empezar con un procedimiento que duró más de 12 horas, y que comenzó con la ingesta de pastillas y las primeras contracciones, que duraron hasta el día siguiente, cuando finalmente expulsó a los dos fetos. Josefina tuvo que chequear en detalle la cantidad de sangrado para asegurarse de que no quedara ningún resto. En ese momento no sabía qué le preocupaba más: si la posibilidad de morirse o la de ir presa en caso de llegar con hemorragias a una guardia. Las bajas (casi nulas) probabilidades de quedar embarazada con una medicación como la que ella tomaba, convierten su caso en un verdadero misterio de la ciencia. 

Haber estado embarazada sin desearlo no es lo que me duele, sino el haberme sentido una especie de delincuente por pensar en mi salud -física y mental-, en mi economía, en el tipo de vida que podía ofrecerle a un bebé y en mi pareja, ¿Viste que a veces los fundamentos anti elección apelan al arrepentimiento? Bueno, no me arrepiento de haberlo hecho, pero me parte al medio pensar en todo lo que había que pasar. El deseo es algo que realmente marca a la maternidad: creo que una es madre cuando realmente lo desea, pero hay muchísimos factores más a tener en cuenta, y no los había considerado hasta ese momento.

En términos generales, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), de alcance nacional y promulgada en enero de este año, viene a proseguir con lo que anteriormente era la ILE, que era un protocolo. A partir de la sanción, se trabajó capacitando a todos los hospitales del país. En el caso del Hospital Julio de Vedia de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, el equipo que atiende este tipo de casos está conformado por dos médicos generalistas, dos obstetras, dos trabajadoras sociales, una psicóloga y un psiquiatra. Ellos son los encargados de hacer cumplir los cinco principios rectores de la ley: el acceso a la información, la autonomía de la voluntad, la calidad en el trabajo durante el proceso, la confidencialidad y trato digno.

Juana tenía 20 años cuando vio dos rayas en un test de embarazo. Se había separado unos meses atrás y el encuentro ocasional con un chico que prometía haberse cuidado, la ponía en una de las situaciones más difíciles de su vida. Era el año 2010, y si bien Argentina avanzaba en materia de derechos, al aborto le faltaban once años para volverse legal.

El miedo de contarle a su familia y el abandono por parte de la persona que tenía la mitad de la responsabilidad de la situación, hicieron que recurriera a un ginecólogo del pueblo que tenía la fama de ser especialista en abortos clandestinos. Y lo era.

En el momento que fui, no me preguntó si estaba segura o si lo quería pensar. Me dijo el precio y lo hizo. Me topé con un médico al que claramente le convenía más un aborto clandestino a tener que atender un embarazo que cubría la obra social.

Durante los años siguientes, Juana pensaba cuántos años tendría el hijo que había decidido abortar en soledad y sin ningún tipo de contención profesional: “Hoy ya no lo sufro, siento que así se tuvieron que dar las cosas. Pero creo que es súper necesario un acompañamiento en ese momento, porque en mi caso tomé la decisión súper apresurada y tal vez no era lo que quería, o sí, pero en ese momento nadie me lo preguntó”, reflexiona once años después.

Martina Quezada es Trabajadora Social y forma parte del equipo interdisciplinario que atiende las consultas por IVE en el Hospital Julio de Vedia. Sobre los casos como los de Juana, explica que: “Se trata de acompañar y contener a la persona, tanto si desea interrumpir o continuar con el embarazo. Muchas veces, se presentan con el dilema, y la idea es asesorarlas en todo su derecho. En caso de que se decida continuar, entra en cuestión la ley 26.711, o Plan de los mil días, que garantiza un ingreso económico, la provisión de productos esenciales y la atención en salud durante el embarazo y la primera infancia”.

El cambio radical que trajo la legalización, se evidencia en experiencias como la de Mariana, que después de ver el positivo en el test, llegó a la guardia y en minutos tenía una orden que decía IVE para hacer una ecografía de emergencia -que se solicita con un código especial para que el ecografista evite cualquier tipo de romantización en el transcurso del estudio (como mostrar los latidos)-. Como tenía 7 semanas, y lo ideal es hacerlo a partir de la semana 8, le dieron turno para empezar con la interrupción quince días después. 

Los días pasaron y al volver al hospital, se encontró con una médica que le explicó el procedimiento y con una psicóloga que le preguntó quién era y cómo había llegado hasta ahí, además de asegurarse de que la decisión fuera consciente y voluntaria. De la consulta se fue con un papel en el que le explicaban todo y con los números de contacto por cualquier emergencia. El seguimiento por parte del equipo fue diario, y el procedimiento terminó diez días después con una ecografía que aseguró que todo había salido bien.

¿Cómo se puede acceder a una IVE? Lo explica Martina Quezada

“El primer paso es asistir a cualquier ginecólogo u obstetra de confianza, público o privado, que debe brindar la información y el asesoramiento sobre los pasos a seguir. Después, hay que dirigirse al área de servicio social de cualquier Hospital de la provincia, donde se les brinda la consejería de derechos para que todes puedan acceder principal y primariamente a la información acerca de qué se trata la IVE. En caso de querer solicitarla, se asesora e informa sobre los pasos a seguir, y en caso de decidir interrumpir el embarazo, primero se hace una ecografía para ver la edad gestacional y luego se realiza el procedimiento que es ambulatorio por ser considerado de bajo riesgo. La persona se va a su casa con Misoprostol y con toda la información necesaria para llevar adelante el proceso. Durante todo el procedimiento, el equipo se tiene que asegurar de que la persona esté acompañada y contenida, para que si bien pueda estar en su casa, sienta que puede contar con nosotros durante y después de llevarlo a cabo. El proceso finaliza con una ecografía de control y con la indicación de un método anticonceptivo, porque se entiende que la salud sexual reproductiva y no reproductiva tiene que ver con la anticoncepción y con el momento del parto y los días posteriores al nacimiento”.