Reculando y en chancletas

Domingo 12 de septiembre del 2021

Escribe: Agustín Ortíz

Tan solo dos días después de su avanzada contra las instituciones democráticas del Brasil, el Tribunal Supremo y la legitimidad de las elecciones, Bolsonaro dió marcha atrás y si bien no pidió disculpas, aseguró que fue un exabrupto propio del «calor del momento».

Es que a Bolsonaro le salió el tiro por la culata (y no particularmente con la Copa América que perdieron de local) en su proceso de trumpización. Las preguntas ahora recaen sobre los motivos por los cuales el presidente de Brasil decidió recular en tan solo 48 hs. ¿Qué tipo de presiones recibió?, ¿Qué intereses y recursos de poder vio en peligro y prefirió resguardarse?

Bolsonaro y Trump, tiempos mejores (para ellos).

Lo cierto es que en primer lugar, el 7-S no representó un intento de autogolpe para ese mismo día como la oposición y distintos medios auguraban, aunque Bolsonaro pareciera haber iniciado un juego peligrosamente antidemocrático, un sondeo para que ver tan allanado se encuentra el terreno para un hipotético plan golpe. De manera que al no necesariamente Bolsonaro estar buscando un autogolpe, lo que sí está buscando y eso está en evidencia es un nivel de confrontación política y el interrogante se abre sobre hasta qué punto será sostenible que sus militantes se radicalicen aún más y el discurso de odio y violencia siga en aumento.

Un ejemplo de esto lo representaron los casi cien cortes de rutas federales que sostuvieron los camioneros bolsonaristas y sectores del agro por más de dos días y que se levantaron tras el pedido del presidente, aunque los más radicalizados continuaron igual con la protesta.

Por otro lado, despertó cierta exaltación en sus seguidores como para ir ganando lugar en su intentona a lo Trump. Si bien no es moneda corriente ver militantes armados copando las calles y tomando algún edificio gubernamental disfrazados de osos y vikingos, es cierto que militantes de extrema derecha intentaron tomar el Ministerio de Salud pero el hecho no pasó a mayores.

En las últimas horas, el comunicado donde pide disculpas sorprendió a propios y extraños. Bolsonaro allí expresa que: «Nunca tuve la intención de atacar a ninguno de los poderes. La armonía entre ellos no es voluntad mía, sino una determinación constitucional que todos, sin excepción, deben respetar». Y además, aseguró «respetar las instituciones de la República, como motor necesario para gobernar el país». Lo paradójico del comunicado lo redactó en conjunto con Michel Temer, el ex presidente interino de Brasil, tras una reunión en Planalto convocada por el propio Bolsonaro para ganarse un aliado que funcione como mediador con el Poder Judicial. De esta manera, el mandatario brasileño se ganó el repudio de opositores pero también despertó la bronca en gran cantidad de sus militantes por ponerle un freno de mano, momentáneo, a su avanzada contra las instituciones democráticas y también por la convocatoria a Temer, alguien que para sus militantes representa la vieja política y la corrupción.

Temer y Bolsonaro.

Las aristas para desentramar el intento pacificador es que las protestas antidemocráticas generaron una respuesta negativa de los mercados, los cuales amenazaron con hacerle perder sus recursos de poder financieros de su modelo neoliberal y con el comunicado se logró estabilizarlos. Otra motivo reside en el aumento en las posibilidades de ser llevado a juicio político, aunque de momento, el bloque del Centrao en el Congreso lo proteja.

El presidente de Brasil sigue jugando fuerte, haciendo y deshaciendo a las pocas horas, amenazando y reculando, criticando a las instituciones democráticas pero diciendo defender a la República, criticando a la vieja política pero buscando aliarse con Temer. Sigue al borde del abismo de la democracia y de la estabilidad, todo lo que hace cada vez es más peligroso.