«No existo para la literatura argentina, me basta con existir para mi pueblo»

Miércoles 15 de septiembre del 2021

Escribe: Gaston Vera

Entrevista: Jorge Villano

Fotografía: Gentileza de la familia de Hamlet Lima Quintana

Los encuentros con Jorge Villano siempre están rodeados de afecto y camaradería, entre el lento crepitar de la leña sabemos brindar por los desafíos que tenemos por construir una vida mejor para todos y todas.

Su amplia sonrisa y su mirada clara nos fue acercando a su vasta experiencia como periodista, lo que nos permitió encontrarnos con un abanico de personalidades de la política y la cultura que entrevistó en diferentes momentos.

Cuando me enteré que había realizado una entrevista a Hamlet Lima Quintana que era inédita, me apresure a pedirle los audios. Sorteando los límites técnicos que impone lo analógico, llegamos a las voces que celebran con profundidad el valor de la palabra.

Cuando despedí a Hamlet, le deje un tinto en el jonca para que no pase sed , para que lo acompañe. No enterré ningunos de sus recuerdos, ni una de sus palabras habitadas de amor y revoluciones. Lo recordamos entre nosotros naciendo una vez más un 15 de septiembre de cualquier año, redactando su vida nuevamente.

Hamlet Lima Quintana.

El diálogo de esta noche es con Hamlet Lima Quintana, hombre de vasta trayectoria poética. Nació el 15 de septiembre de 1923 en Morón, provincia de Buenos Aires. Pero él con su particular voz y su recuerdo nos ubica fundamentalmente en otra etapa, ¿cuál es la etapa más destacada en esa época?

Bueno, lo que pasa es esto… Yo nací en Morón, además hay que aclarar que en la época que yo nací o mi infancia, por ejemplo, mi adolescencia. Morón era realmente un pueblo de provincia, de la provincia de Buenos Aires y no como ahora… hay en una parte autobiográfica de “El cancionero para no morir” que digo: “No como ahora que es un arrabal de la Capital Federal”. Pero además de eso, yo aprendí a caminar en Saladillo en un rancho, un rancho de barro por supuesto, que era de la familia de mi madre. Y pasé muchos meses del año allí hasta mi adolescencia, bastante entrado en mi adolescencia. A Saladillo sigo siempre yendo, hasta el día de hoy. No pasaba no menos de 4 a 5 veces por año ahí. Y mucha de mi formación se la debo, justamente, a esa gente y a ese lugar.

Hamlet, ¿se dedica a la poesía desde muy joven?

Sí, desde chico. Fundamentalmente porque yo he tenido la fortuna, el privilegio, de nacer con la poesía al lado. Mi padre escribía poesía, no publicó. No editó nunca. Pero era un excelente poeta y yo tenía el acceso a la poesía o el acceso al libro, el acceso a la cultura a partir de la mano. Tanto lo escuchaba a él o cómo así la biblioteca de él.

Un poeta tiene una dificultad para vivir de la poesía, ¿esto fue alentado por la familia?

Por supuesto mi padre, mi familia, sí. Lo que ocurre también es que yo dediqué todo mi esfuerzo a tratar de solventar mi economía, mi mala economía, exclusivamente con la poesía o con lo que escribo, a partir de 1971.

Antes no, antes yo trabajaba en la antigua Compañía Argentina de Electricidad (CADE). He trabajado en el periodismo bastantes años, once años estuve en el periodismo. Ahí en la CADE por ejemplo estuve 12 años. Y después he vendido libros mucho tiempo, pero timbreando, puerta por puerta. He vendido relojes eléctricos, no sé cuántos, he hecho de todo. Pero a partir de 1971 que fue cuando renuncié a Clarín, me propuse directamente no diseminar mi esfuerzo. Y ha sido duro. Es duro, pero ya no en la forma de los años 71, 72. Después fue más o menos mejorando un poco, pero se hizo casi insoportable el período de la dictadura militar. Yo estaba prohibido entonces no podía trabajar, eso sí fue durísimo.

Volvamos a la infancia. ¿Cuándo ingresa usted? ¿Más o menos es en la adolescencia cuando los jóvenes ingresan a la poesía?

En mi caso ya escribía desde los 8, 9 años. Casi con el aprendizajes de las primeras letras en el colegio, escribía. Recuerdo siempre, lo cuento como una anécdota graciosa, que mi padre cuando leía las cosas mías le decía siempre a mi madre: «Este chico va a ser un muy buen poeta o es un mentiroso», y siempre digo que todavía no lo he resuelto.

¿Y cuándo publica por primera vez?

Yo edité tardíamente para el tiempo que hacía que escribía. Ahora en publicar no, yo tenía 16 años y ya publicaba en una revista literaria que hacíamos en Morón que se llamaba «El Aquelarre». Después había publicado en un periódico que salía semanalmente en Saladillo, «La Semana», que lo dirigía Juan Carlos de la Torre. El libro, que para mí es la publicación valedera como documentación de la obra, me refiero, ¿no? Mi primer libro fue en 1954

Y el hecho de publicar, ¿significaba la trascendencia del poeta, la posibilidad de concretar del poeta, o el poeta puede ser un poeta sin publicar?

El poeta puede ser un poeta sin publicar, pero sucede que la obra en los cajones no es la obra. La obra se concreta cuando uno sale a exponerla, cuando la obra puede ser compartida. No por los conocidos, los amigos, que uno le puede leer un verso, no, no. Por el desconocido. Eso es compartir y ahí la obra en ese momento existe.

También se dedica a otra actividad artística, la pintura. ¿Cuándo se desata esa vocación de pintor?

No me dedico a la pintura desde hace muchos años. Yo pinté porque siempre me he movido en círculos de amigos qué pintaban, que escribían o hacían música. Y allí comencé yo a pintar, con un grupo de amigos que teníamos una peña, entonces se llamaba «la peña del jueves», era fundamentalmente literaria, pero había ampliado su círculo, transcurrido un tiempo nosotros le decíamos la leña del jueves. Porque nos hacíamos unas críticas feroces, eso sí que fue un taller… Bueno, allí tenía amigos que pintaban. Y comencé a pintar, y comencé a pintar afortunadamente. Comencé directamente en los concursos de manchas. El pintor Manuel Oliveira se acuerda siempre, porque era de la época en la que empezábamos a salir juntos,él estaba en un grupo llamado “El Barrilete». Y siempre recuerdo, en algunos concursos de manchas, que yo iba por ahí pronto, y ellos que eran egresados de la escuela superior de bellas artes tenían que admitir que yo sacara el primer premio. Y después expuse en forma colectiva, por ejemplo, con el grupo “El Barrilete” acá en Capital Federal. En Morón saqué una primera mención en un salón abierto qué se hacía en ese momento, en esa época. Pero a mí me sirvió de mucho la pintura, porque me sirvió de mucho para escribir. Me certificó y me dio una noción exacta de lo que es la síntesis poética. Lo aprendí pintando. Pero después me di cuenta que pintando yo era nada más que un colorista afortunado, me faltaba todo el resto, me faltaban cosas de dibujo. De color, sí. Entonces resolví directamente dejar de pintar cuando se me metió el problema, o pintaba con intensidad o escribía con intensidad. Las dos cosas con intensidad no se pueden hacer. Algún día voy a volver a pintar, pero como complemento de lo que escribo, no otra cosa, ni para exponer ni para nada por el estilo.

Y entonces volvió a escribir con intensidad ¿Y la música se enreda en la poesía de Hamlet Lima Quintana?

Claro, lo que pasa es que la música la llevaba yo toda mi vida encima. Mi casa, por eso dije que soy un privilegiado, no únicamente por las letras que escribía mi padre sino por la música. Mi padre tocaba la guitarra, cantaba y compartía con mi madre el piano. Yo no recuerdo de mi infancia no haberme despertado con música y no haberme dormido con música. Tanto era así que antes de empezar a aprender las primeras letras en el colegio, a los 4 años, no había cumplido 5 todavía, yo empecé a estudiar música, empecé a estudiar piano. Mi maestro, que fue la última época que ejerció la docencia musical, fue Alberto Williams. Pero a los 7 años ya dejé de estudiar el piano. He tocado instrumentos musicales toda mi vida, he integrado conjuntos cantando folklore, he cantado como solista, viví más de un año en el Perú alimentándome con lo que ganaba de noche cantando. Después deje de cantar porque claro, cada nódulo mío en la garganta debe ser como un zapallo.

¿Cuándo la poesía de Hamlet Lima Quintana comienza a comprometerse con la sociedad?

Yo no podría precisar exactamente cuándo, pero desde hace mucho, muchísimo tiempo sí. Porque recuerdo que algunos de esos poemas o casi la mayor parte de esos poemas que publicó Juan Carlos de la Torre en «La Semana» de Saladillo, eran poemas que incursionaron ya dentro de la poesía social. A mí no me gusta llamar así, porque sería poesía que enfrenta la realidad que le toca vivir. Me acuerdo de un poema extenso que tenía varias partes se llamaba «Las Máquinas». Ese no figura en ninguno de los libros editados porque es anterior. Es de un libro que me quedó inédito, un libro que en 1952 tuvo el primer premio, el premio anual de poesía de la municipalidad de Morón que en esa época se hacía ese tipo de premios, ahí estaban «Las Máquinas». Es decir que mi compromiso con la sociedad es bastante antiguo, bastante antiguo.

¿Esto le ha significado el exilio?

Esto me ha significado en muchos casos marginaciones. El exilio en realidad fue todo un conjunto, ¿no? Yo siempre opino y sigo afirmando, que junto con Armando Tejada Gómez, con Enrique Llopis, no fuimos exiliados, sino que tratamos de poner un poco de distancia. A lo mejor eufóricamente decimos que de nuestra tierra no nos echa nadie. Pero me significó muchas cosas este enfrentamiento. Por ejemplo, yo no figuro en antologías literarias de este país y el colmo fue que hace, más o menos, tres o cuatro años salió en la provincia de Buenos Aires una antología de los poetas bonaerenses, poetas de la llanura, donde figuran poetas que no tienen ni siquiera un libro editado. Yo, donde el 70% de mi obra corresponde a la llanura, no figuro. Es decir, no existo para la literatura argentina, me basta con existir para mi pueblo.

Significativo este hecho. La gente que está en la Sociedad Argentina de Escritores, ¿no ha tomado conciencia de esto?

No, la Sociedad Argentina de Escritores es un grupo organizado, pero mientras no se modifique la ley SADE ni se modifiquen orgánicamente los estatutos de la SADE., un grupo que hace reuniones para poesía entre poetas, para hacer reuniones de tipo social y festejar el día del escritor. Pero no tiene sentido tener una sociedad que no se ocupe gremialmente de las necesidades del escritor. Y no puede hacerlo tampoco, por otro lado, porque mientras no esté la ley del libro y la ley SADE, que duermen los proyectos desde hace bastantes años, desde la época del proceso militar, no puede hacer absolutamente nada.

Hamlet Lima Quintana presentó hace días atrás un libro referido a la vida de Osvaldo Pugliese. ¿Por qué Osvaldo Pugliese pasa por la pluma de Hamlet Lima Quintana?

Por varias razones. La primera: es uno de los pocos ídolos vivos que existen en este país, ídolos auténticos, auténticos ídolos populares, es Osvaldo Pugliese. La segunda porque conozco a Osvaldo desde hace muchos años y la vida de Osvaldo es apasionante. Te doy un ejemplo, un ejemplo de su actitud, de su honestidad, de su militancia, de su consecuencia, de su hombría de bien que el pueblo le reconoce junto con la capacidad de su música, por eso yo lo tomé a Osvaldo Pugliese.

La voz de Hamlet Lima Quintana, en entrevista con Jorge Villano

Por último, Hamlet, la poesía habíamos dicho antes, se enredaba en la música. ¿Es la música la alternativa de llegada popular de los poetas?

Sobre todo en este momento, sí. Profundamente sí. No hay que olvidar que la música es él vehículo natural de la poesía. Si uno va historiando las cosas se da cuenta que la poesía nace cantada. Las primeras expresiones tribales del ser humano, son cantos ceremoniales, cantos de fecundidad, cantos de luto o de muerte o de combate. Ahí nace la primera expresión poética, la expresión poética pero cantada y cantada colectivamente. Después se van modificando las cosas, aun posteriormente si tomamos la Edad Media, los juglares, los trovadores, la noticia, la información, la historia, la hacían cantada, la poesía era cantada. El libro es para mí es una documentación, fundamental y muy importante, de la obra. Pero si yo quiero mantener un diálogo con mi pueblo, con la gente, la música es el vehículo ideal y especial para la poesía. Yo puedo escribir un libro de poemas y sé que, bueno, vamos a suponer que se agoten dos mil ejemplares, tres mil, lo cual para este país es un disparate. No es lo mismo que una canción que por los medios de comunicación actuales, yo con una sola canción le llego a 30 millones en este país. Entonces el diálogo es mucho más positivo.

Hamlet, la gente ha dejado de leer y particularmente también ha dejado de leer poesía. Decía esta pregunta atada un poco a esto, si esta es la búsqueda de nuevas formas de conexión. Evidentemente lo sintetizabas recién ¿No?

Sí, sí, no son nuevas, son muy antiguas. El público cada vez lee menos. Además hay que considerar el costo de un libro. Además hay que considerar que dentro de unos pocos años va a leer menos todavía porque ya estamos superando el 40% de alfabetos. Pero no ha perdido el hábito de la poesía, aunque no se dé cuenta. Yo me pongo como ejemplo, yo me paró en un escenario que normalmente lo hago, no únicamente la Capital Federal, en todo el país. O en una plaza, en las plazas públicas también yo digo poemas. Y el público escucha fervorosamente en silencio y se entusiasma con un poema, lo cuál quiere decir que no es que ha perdido el hábito… El hombre común necesita de la poesía, aunque no se dé cuenta. Y siente muchísimo el poema que se le dice directamente. No tiene que leerlo, lo escucha, y ahí lo entiende mejor que leyéndolo.

Por último, Hamlet, ¿cuál sería su mensaje para la gente de la noche?

Y para la gente de la noche mi mensaje es que traten de no sufrir tanto, añorando lo que era la noche de Buenos Aires, que hermoso país nos robaron.

Gracias, Hamlet Lima Quintana.