66 años de la Fusiladora

Jueves 16 de septiembre del 2021

Escribe: Agustín Ortíz

Muchas tropas riendo en las calles indicaban que el desalojo de la Casa Tomada era violento. Los aviones de la Marina que arrojaban bombas de aquí para allá anticiparon su furia. Los fusiles contra el pueblo, su método del terror al sonido de Bang, Bang, estás liquidado. El 16 de septiembre de 1955, el ala liberal del ejército llevó a cabo el golpe de Estado al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. Sus mentores fueron Pedro Eugenio Aramburu, Eduardo Lonardi y el almirante Isaac Rojas con la misión, entre otras atrocidades, de iniciar un proceso profundo de desperonización de la sociedad. Para ello, proscribieron al Partido Peronista, impulsaron la prohibición y destrucción de toda la simbología relacionada al peronismo. Por ejemplo, no se podían entonar las estrofas de la Marcha Peronista, Ciudad Evita debió cambiar su nombre a Ciudad General Belgrano y el Estadio Presidente Perón de Racing Club de Avellaneda pasó a llamarse simplemente Estadio de Racing Club. Asimismo, el <<golpe favorito>> del ex secretario de cultura del macrismo, obligó al exilio a Juan Domingo Perón, el odio ordenó el secuestró del cuerpo de Eva Duarte y se ganó popularmente el nombre de La Fusiladora por los salvajes asesinatos a trabajadores peronistas y opositores al régimen.

El ala liberal y gorila no actuó solo, contó con apoyos del empresariado y la oligarquía, la Iglesia Católica y todo el arco opositor al peronismo reunido en la Unión Democrática, es decir, un golpe de Estado cívico, eclesiástico y militar. Su antecedente escribió una de las páginas más tristes y sangrientas de la historia argentina tres meses antes con el cobarde bombardeo a la Plaza de Mayo, dejando un saldo de más de 300 civiles muertos bajo el lema de <<Cristo vence>> y <<muerte al tirano>>.

La Fusiladora

Pues bien ganado ha tenido este mote, ya que en la misma noche iniciada la empresa golpista, el propio Eduardo Lonardi ingresó al dormitorio del jefe de la Escuela de Artillería de Córdoba y lo fusiló mientras dormía antes que pudiera ofrecer resistencia. Un mes más tarde, el 17 de octubre del ’55 y en la misma ciudad de la Docta, tanques ametrallaron una protesta que defendía los días más felices contra la furia gorila dejando varios muertos. No obstante, uno de los hechos más recordados del sanguinario gobierno de facto fue el fusilamiento del General Valle. Su asesinato fue tras la aplicación de la ley marcial acusándolo de organizar una serie de levantamientos en junio de 1956 pero también fue simbólica: se fusilaba a uno de los hombres más leales al General Perón.
La represión ilegal en esa noche de junio fue investigada y relatada por Rodolfo Walsh en una de sus obras más emblemáticas, Operación Masacre. En ella se relatan los fusilamientos en un descampado de José León Suárez de cinco personas, detenidas en la noche del 8 de junio de 1956 en un domicilio de Vicente López, en el cual supuestamente se estaba planeando uno de los alzamientos. Aunque también aseguran que solo iban a escuchar una pelea de boxeo y la fusiladora los condenó a muerte en la madrugada siguiente en un basural. Si bien, los hechos del fusilamiento de Valle cobraron notoria relevancia, no todos los fusilamientos anteriormente mencionados se conocieron en el momento. El saldo total fue de cien asesinatos en menos de 24 horas.

«Esta es la historia que escribo en caliente y de un tirón, para que no me ganen de mano, pero que después se me va arrugando día a día en un bolsillo porque la paseo por todo Buenos Aires y nadie me la quiere publicar, y casi ni enterarse.»
Rodolfo Walsh, Prólogo a Operación Masacre (1957).

El secuestro del cuerpo de Evita

Los restos de María Eva Duarte de Perón descansaban en la CGT tras su embalsamamiento. En el intento por borrar todo vestigio peronista, el General Pedro Aramburu ordenó el secuestro del cadáver de Evita durante la noche del 22 de noviembre de 1955, a dos meses de iniciado el golpe.

El robo fue perpetrado por miembros de la Marina, la misma fuerza que había bombardeado impunemente la Plaza de Mayo y estuvo comandado por Moori Koenig, el jefe de inteligencia quien profesaba un odio particular hacia Evita.

Posteriormente, el cuerpo, habiendo pasado por la casa de diferentes militares que no se ponían de acuerdo en lo que debían hacer, fue trasladado a Italia bajo identidad apócrifa y sepultado durante 16 años en Milán. El secuestro, traslado y sepulcro tuvo la complicidad de la Iglesia Católica que desplegó una logística enorme que implicó incluso que una mujer laica de la orden de San Pablo llevara flores durante catorce años a una supuesta sobrina.

El cuerpo de Evita fue recuperado tras el secuestro de Pedro Aramburu en 1970 por parte de Montoneros que decidió ajusticiar los crímenes cometidos por la Fusiladora. Según un comunicado de la organización, Aramburu se declaró culpable “de la profanación del lugar donde descansaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos para quitarle al pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada” (Comunicado n°3 de Montoneros, 31 de mayo de 1970).

LA revista TIME celebraba secuestrador del cuerpo de Evita.

 

Tras su confesión, Aramburu uno de los ideólogos de golpe de Estado a Perón fue asesinado por Montoneros, lo que derivó en una serie de cantitos populares con propuestas sobre qué hacer con sus huesos. Por su parte, los restos de Evita fueron devueltos a Perón un año después por parte de Agustín Lanusse, en el marco del Gran Acuerdo Nacional (GAN) y hoy en día descansan en el mausoleo familiar en el cementerio de la Recoleta.

A 66 años del golpe de Estado que los gorilas denominaron Revolución Libertadora, pero que popularmente se conoce como La Fusiladora, es necesario un repaso sobre los crímenes que perpetraron, la violencia política con la que se desempeñaron y el odio que derramaron en gran parte de la sociedad argentina. Sobre todo en épocas de revisionismo histórico antiperonista que busca adjudicarle todos los males del país a <<70 años de peronismo>>. Algunos de sus métodos aparecieron como resabios en ex funcionarios del gobierno anterior y aparecen en actuales diputados, quienes frecuentemente reivindican las atrocidades cometidas por la furia gorila.

Ni olvido ni perdón.