Relatos Salvajes, la ficción hecha realidad

Viernes 24 de Septiembre del 2021

Escribe: Juan Pablo Godoy Jimenez

En el transcurso de un día, se dio lugar dos historias de violencia y furia que uno solo imagina posible en un contexto fantástico como la película “Relatos Salvajes”.

Por un lado, un repartidor que entregaba los pedidos en bicicleta, fue asaltado por un delincuente en Villa Trujui, Moreno, quien luego de un forcejeo, se quedó con su medio de movilidad. Un conductor que había sido testigo de lo sucedido, decidió ayudar al repartidor a recuperar la bicicleta, por lo que salieron a buscar al ladrón, hasta que finalmente lo encontraron y lo atropellaron. La inicial víctima del robo se bajó del vehículo y le dio una paliza tan fuerte, que lo dejó en grave estado, y no sólo eso, también le robó las zapatillas y le dijo: “para que veas lo que se siente cuando te asaltan”. El presunto delincuente a causa de las graves heridas quedó internado en coma en un hospital de la zona. Su estado es reservado y lucha por su vida.

Y por el otro, un hombre fue detenido este jueves en Caseros tras golpear salvajemente en la puerta de un colegio a otro padre de la escuela, a quien dejó sin visión en un ojo. El conflicto habría comenzado en el grupo de WhatsApp de padres de un colegio, donde mantuvieron una fuerte discusión. La víctima trató de “luchona” a la esposa del agresor quien lo atacó a golpes.

Dos historias independientes, en dos lugares diferentes, en dos momentos distintos del día, pero con un denominador común: la violencia desatada ni causa aparente, que impulsa a perder el control. Pareciera que esto serian casos aislados, que esta gente esta “loca” y por eso actúan así, que son ellos los que están mal, ¿no? Pero esta creencia no podría estar mas lejos de la realidad. Estos casos no se pueden leer y interpretar como un acto de defensa propia, en el caso del repartidor; y un caso de simple y pura violencia, en el caso de los padres peleando en la puerta de la escuela. Ambos actos no tienen su origen en un hecho particular y aislado, son producto de un contexto social que lleva a ello.

En todos nuestros corazones anidan las minas terrestres de las frustraciones, las angustias y las furias que callamos día a día. Esperan pacientemente la más mínima excusa para explotar y destruirlo todo. Estos episodios de violencia desenfrenada son el producto de una contenida y añejada por el tiempo. Algunos se jactan de que el hecho del repartidor puede ser considerado como un gran acto de justicia por mano propia, que el chico no hizo nada malo y que el delincuente merecía ser dejado con muerte cerebral, aunque algunos dirían que se quedó “corto” con lo que le debía hacer. Este ciertamente fue un episodio de pura furia deshumanizante y lamentable.

Para estos buscadores de la justicia por mano propia, festejándola y admirándola, resuenen las palabras del filósofo Nietzsche: «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti». Esperen que en esta cacería de brujas que tanto anhelan, no terminen quemados por las llamadas del odio.