Catar 2022 ¿La pelota no se mancha?

Lunes 4 de octubre de 2021

Columna «No está bien, está mal» de Nicolás Dulcich en #NoNosQuedaOtra por #la990. Las estrafalarias sumas en inversión compiten, cabeza a cabeza, con cifras de muertes que provocan escalofríos. La FIFA, los emires y la avaricia en torno al deporte más popular del planeta.

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Esta semana hay fecha de eliminatorias para el mundial que va a celebrarse en Catar el año que viene. Además de ser patrocinador de algunos de los clubes más importantes del planeta ¿Qué sabemos de ese país? Catar es un emirato árabe: un Estado soberano organizado sobre la base de una monarquía absoluta, representada desde 1868 por integrantes de la misma familia: la dinastía Al Zani. Catar supo ser un protectorado británico (eufemismo colonial) hasta que logró su independencia en 1971. Estamos hablando de un país minúsculo en términos territoriales: alcanza tan sólo la mitad de la superficie de la provincia de Tucumán.

Históricamente fue considerado como un lugar de paso entre occidente y oriente. Mantuvo una economía minúscula que giraba en torno a la pesca y la recolección de perlas hasta que se descubrieron yacimientos de petróleo en los años ‘40s. Desde entonces, Catar representa la 3ra reserva de gas natural del mundo (detrás de Rusia e Irán). Gracias a esto, el país tuvo un crecimiento económico inusitado que lo llevó a querer ocupar un lugar preponderante en la política regional. Una prueba de ello es la creación de la cadena estatal de noticias Al-Jazeera (1996) y su consolidación como el principal medio de comunicación del mundo árabe.

En cuestión de décadas todo cambió en Catar. Un rápido reflejo de esta realidad puede verse en su población: sólo el 15%, alrededor de 350.000 personas, son cataríes nativos/as. El resto, más de 2.000.000 personas, son trabajadores/as migrantes provenientes de países como India, Pakistán, Nepal, Bangladesh, Sri Lanka, Filipinas y Kenia.

En Catar no hay partidos políticos, las ejecuciones por pena de muerte están vigentes, los sindicatos son solo para los cataríes (hecho que favorece la segmentación laboral), la homosexualidad está criminalizada y las mujeres, en fin…

Un mundial en medio del desierto

En 2010 la FIFA convirtió a Catar en sede de la copa del mundo 2022. Desde entonces, el país lleva invertidos alrededor de 200 mil millones de dólares, más de 60 veces lo que gastó Sudáfrica en 2010 y casi 15 veces más de lo que gastó Brasil en 2014 y Rusia en 2018. Hablamos de estadios, hoteles, rutas, trenes, un aeropuerto y hasta una nueva ciudad, Lusail. Todo esto está siendo construido desde cero, y en medio del desierto, razón por la cual el torneo será organizado entre noviembre y diciembre (cuando tradicionalmente es entre junio y julio) y los estadios están siendo equipados con una tecnología capaz de convertir los ardientes rayos del sol en electricidad capaz de refrigerar el interior del estadio, tanto para jugadores como espectadores. El nivel de inversión es tan imponente que, según los propios organizadores, se alcanzará la neutralidad de carbono.

Los/as millones de trabajadores/as migrantes que hicieron posible esta obra faraónica trabajaron, hasta 2019, bajo el llamado sistema Kafala: un kafil (una suerte de garante y patrocinador) supervisaba su entrada y residencia en el país para trabajar legalmente, hecho que generaba una brutal relación de subordinación y sometimiento. Los/as migrantes, incluso, llegaban a Catar previamente endeudados ya que pagaban una suerte de “tarifa de reclutamiento” en sus países de origen para asegurarse un trabajo. Al llegar, la mayoría encontró que ni el trabajo ni el salario eran los acordados. Según Amnistía Internacional, las jornadas laborales son eternas (una suerte de esclavitud en pleno siglo XXI) y los/as trabajadores/as son forzados a vivir hacinados/as en campamentos y bajo nulas condiciones sanitarias. Al respecto, la embajadora de Nepal llegó a afirmar que Catar era una “cárcel a cielo abierto” ¿Cómo habrán sobrellevado el COVID-19? Mejor no preguntar.

Goles en contra

De acuerdo con The Guardian, desde que la FIFA otorgó a Catar la sede del mundial, murieron al menos 6.500 trabajadores migrantes. Un promedio de 12 muertes por semana. Como si esto no fuera alarma suficiente, muchas de estas muertes fueron además consignadas como “causas naturales”. Amnistía Internacional denunció que Catar no proporciona información sobre las causas de las muertes. Además, datos del gobierno de Bangladesh sugieren que los certificados de defunción atribuyeron “causas naturales” al 71% de las muertes de sus ciudadanos. Todo esto lleva a pensar que las autoridades cataríes, junto a los organizadores del evento, probablemente estén escondiendo los verdaderos números de una masacre en curso.

Desde hace un par de años, Catar se vio obligado a ceder ante la presión internacional y se llevaron adelante algunos cambios tendientes a reparar esta dramática realidad. La legislación laboral, por ejemplo, fue modificada para permitir que los/as trabajadores migrantes puedan cambiar de empleo o entrar y salir del país sin la previa autorización de su kafil.

Sin embargo, todo esto tiene sabor a poco y nada parece sugerir que las cosas seguirán un rumbo distinto. Esta semana se jugará en todo el mundo la fecha correspondiente de eliminatorias, nuestra selección se enfrentará el jueves ante el combinado paraguayo y la mayoría de nosotros/as disfrutará el partido con la expectativa de clasificar para alcanzar el preciado sueño mundialista.