Wawaspaq: Quichua para las infancias

Domingo 10 de octubre del 2021

Escribe: Bernardita Castearena

Después de terminar la secundaria en Nueve de Julio (Buenos Aires), Cecilia Suárez se recibió de Trabajadora Social y, como parte de un trabajo en el Estado, empezó a recorrer provincias del norte. Un día llegó a Santiago del Estero y se encontró cara a cara con una comunidad campesina que hablaba completamente Quichua, lo que hizo que se enamorara completamente del idioma, “como podría haber pasado con cualquier otra lengua originaria”, explica. El interés fue tal, que al volver a Buenos Aires empezó un curso de Quichua en la Facultad de Filosofía y Letras, y siguió estudiando hasta convertirse en profesora de esa lengua que significó un encuentro con la diversidad lingüística y que se convirtió en su trabajo full time.

Varios años y aprendizajes después, junto a un grupo de compañeras, pudo darle vida a Wawaspaq: una enciclopedia visual con conceptos básicos para que niños y adultos se introduzcan mediante el juego en el universo cultural de los pueblos originarios de nuestro país, en esas raíces que son más nuestras que cualquier palabra traída por los españoles. “Tenemos un libro previo de lengua y gramática para adultos, pero queríamos enfocarnos en las escuelas, los jardines, para que sea trabajado a nivel familiar, por niños, niñas y todos los miembros de la familia. Por lo general, los adultos de las comunidades indígenas no han accedido a la lectura en su propia lengua, entonces Wawaspaq funciona como vehículo de unión entre nietos y abuelos”, cuenta Cecilia.

 

El libro está dividido en temas fundamentales de la vida cotidiana originaria: la Pachamama, los animales e insectos, la comunidad, el cuerpo humano, los colores y números, las comidas y bebidas, la escuela y una sección de yapa, que incluye ideas que tiene datos que, según Cecilia, eran sumamente importantes y querían desarrollarlos en un espacio aparte sin que dejaran de formar parte del libro. Al texto lo atraviesan adivinanzas, que son parte de la tradición oral de los pueblos originarios, datos curiosos, frases poéticas, entre otros elementos que son rasgos identitarios de la cultura.

“Uno de los propósitos del libro es visibilizar todo lo que conservamos de nuestras raíces originarias, porque nosotros en nuestra vida cotidiana usamos un montón de palabras que son de origen quichua, como poncho, yapa, yuyo, cancha, vincha, que al decirlas habitualmente, no las analizamos. Es nuestra cultura: en Argentina hay más de 38 pueblos originarios y más de 16 lenguas vivas indígenas, sin contar con las corrientes migratorias que también suman a la diversidad cultural del país. Se trata de visibilizar una lengua, porque todos hablamos quichua sin saber que lo estamos hablando”, explica Cecilia.

Definir el contenido, escrito y de diseño, les llevó más de un año. Atravesaron la pandemia creando el libro de forma virtual hasta que pudieron encontrarse. El desafío más grande tuvo que ver con poder unir los conocimientos de dos profesoras de la lengua con los de una diseñadora que desconocía la cultura. Entre las tres -porque una de las autoras tuvo que abandonar en la mitad del proceso-, tuvieron que definir cuáles eran las imágenes más representativas de los colores, los tonos de piel, la ropa. “Fue  un gran proceso de trabajo que, por ejemplo, en la parte del Ayllu -comunidad-, se ve muchísimo, porque se habla de la familia nuclear, no sólo de sangre. Entonces se van a encontrar con dos papás, dos mamás, porque tratamos de no encasillar y que el libro funcione como un reflejo de la sociedad, de lo diversos que somos”, cuenta la autora.

Wawaspaq es un proyecto autogestivo que fue posible imprimir gracias a una campaña de preventa. Casi un año antes de su impresión definitiva, se vendieron los libros en su totalidad con dos fines: primero poder costear el papel -que está hecho de forma sustentable, para tener coherencia con el resto del proyecto-, y segundo para poder hacer donaciones a colegios y jardines que no tengan necesariamente contacto con el quichua, sino con otras lenguas indígenas, o con ninguna. “Es muy interesante ver como docentes y equipos directivos se encuentran con la enciclopedia y los niños se sorprenden al saber que mishi es gato, tiu es tio, y cancha es campo de juego. En los niños y las niñas todo esto es mucho más permeable en ese sentido, y es muy lindo”.

Desde la publicación del libro, les llegaron infinidades de historias familiares de gente que escuchaba hablar a sus abuelos o abuelas pero nunca supo escribir lo que decían. Por eso recurrieron a la oralidad: porque todas las lenguas originarias incluyeron la escritura después de la conquista española. Antes de eso tenían otra forma de expresarse por escrito. Para rescatar esos orígenes y fortalecer el vínculo entre adultos e infancias, decidieron plasmar la oralidad en el libro a través de códigos QR. La fonética se transmite para quienes quieran saber cómo se dice una palabra, quienes tengan alguna dificultad visual y/o para quienes no tengan acceso a la lectura y la escritura. Wawaspaq es un proyecto integral.

“Este libro es un inicio: lo que tiene la autogestión es que cuesta pero también te da más libertad. La idea es seguir creando material que pueda ser trabajado en establecimientos educativos y en el interior de las familias, porque este libro puede ser leído varias veces en distintas etapas de la vida. Apostamos a la diversidad, para acercar lecturas de todo tipo, porque hay tantos libros como lectores. La lectura te da la posibilidad de pensar otros mundos: yo me crié entre la biblioteca popular y las patoruzú  que cambiaba en el trueque, y esa relación con la lectura me dió mucha libertad de pensamiento”, explica Cecilia.

El libro fue creado por Cecilia Suarez y Romina Churquina, con ilustraciones de Melina Agostini y edició de Belén González (Tal el orden de aparición en la imagen). Para adquirirlo se puede acceder a @proyectowawaspaq en Instagram o a la página de la editorial.