SisiKa

Jueves 2 de diciembre del 2021

Escribe: Enrique M. Aurelli

Me desperté a media noche, tras llegar de un día agitado, mucho dolor de cabeza, raro en mí, el dolor era intenso así que tomé un analgésico y las tareas compartidas de cuidado de mi hijo pequeño permitió que pudiera abocarme a la espera del liberador alivio de la química.

Me desperté pronunciando una palabra, se ve que mi inconsciente estuvo elaborando y me trajo al consciente esa palabra. Sísifo, entre pensamientos mezclados y somnoliento me puse a buscar que me quería decir mi inconsciente, primero lo atribuí a una reflexión, luego vinieron charlas de la vida, política y filosofía, en largos almuerzos de pastas casera con Graciela, me fui a la computadora y me puse a buscar el mito, a intentar recorrer los caminos que me trazaba la palabra y qué tenía que ver con los nexos que surgió. Se me mezclaban Perón, Cristina, Milagro, Néstor, y yo un militante, repensar desde acá, y sobre todo resignificar unas variables en Camus, tomar lo que me sirve para dar sentido a los primeros pensamientos que tuvimos un gran sector de nuestro pueblo tras la adversa respuesta electoral de hace unos días, respondernos los ¿para qué individuales?, a fin de cuentas, ¿qué gano yo levantándome un día más para desempeñar la misma tarea de siempre? O cómo plantearon muchos compañeros jóvenes, ¿qué ganamos nosotros, si lo que vinimos a cambiar parece terminar en cambiarnos a algunos de nosotros?

Las diferentes bifurcaciones en la búsqueda constante de respuestas, o al menos escaleras que permitan recorrer posibles explicaciones, no hacen más que abrir más preguntas, -método explicativo que, a lo niño, me gusta para encontrar respuestas. ¿Cuánto tengo que escribir, cuánto tendré que hacer?, ¿cuánto tendremos que militar para sentir que valemos?, ¿cuánto tendremos para que nuestro trabajo sea influyente?, ¿cuántos libros deberíamos leer para alimentar nuestras necesidades de conocimiento? ¿Cuántos títulos debemos tener para ser considerados aptos para ser? Y es ahí donde entran los para qué queremos valer, influir o conocer, es más, ¿para qué queremos querer, si la duración de nuestra existencia en comparación con la infinitud en tiempos históricos es un intervalo efímero? En diez mil años es prácticamente seguro que nadie sepa ni tan siquiera que nosotros o que yo haya existido alguna vez, ¿hemos aportado algo al mundo? Qué más da si reímos, lloramos, tenemos miedo, gozamos, amamos, odiamos, si la nada es nuestro origen ineludible, al final seré sincero, este devenir de pensamientos puede parecer tenebroso, deprimente y devastador, ahora, pobre de cada unx de nosotrex que jamás se haya preguntado estos interrogantes, o peor aún, que los haya contemplado sin atreverse a enfrentarlos oportuna y correctamente. Mi intención en este texto es precisamente echar leña al fuego de esta problemática, recurriendo a pensamientos de un francés del siglo XX que con sus escritos hizo pensar a mucha gente en distintas direcciones, y en lo particular trataremos de traerlo para acá, para el barro del pueblo, me refiero al polémico Albert Camus. ¿Estás preparadx para afrontar verdades dolorosas, innecesarias? En las siguientes líneas, ¿podrás soportar el peso de lo desconocido? ¿tendrás el coraje necesario para resolver la disyuntiva del para qué? ¿Del cómo y de tu rol en estos tiempos de coaliciones extrañas? Si la respuesta es sí, adentrémonos y demos inicio a este camino de ida, donde abrir los ojos te da la posibilidad, la decisión de empoderarte o hacerte el/la sota.

Para comenzar la trama que vamos a recorrer nos aventuramos a un viejo relato de las grandes narrativas trascendentales en la filosofía de Albert Camus, el mito de Sísifo. Ya sé, estas diciendo “qué embole”, “uff los griegos”, pero acaso toda nuestra construcción de sentido como occidentales y otras yerbas, ¿no está construida desde allí?
Date la posibilidad de mirar estas líneas con otros ojos. ¡Juguemos!

Según la mitología griega Sísifo fue el primer rey de la ciudad de Fira, hoy conocida como Corinto. Allá lejos, del otro lado del gran charco, la Ilíada y Odisea de Homero nos describe a Sísifo, el que gobierna, como un personaje ambicioso déspota y cruel, -¿te suena?- pues según cuentan, no dudaba en emplear la violencia en pos de mantenerse en el poder y conservar su influencia ante sus adversarios -tema complejo con las gafas deconstructivas actuales-.

Dicen que sentía poco o ningún resentimiento al engañar y asesinar a quien fuera necesario, también que fueron muchos los líderes que disfrutaron de la cuasi totalidad del control sobre un territorio durante su reinado a lo largo de la etapa helénica.

Dicen que sí hizo algo que, ninguno de sus pares tuvo la osadía de hacer, imponer su voluntad infringiendo las “normas” para con el resto de mortales -y esto es acorde a distintas versiones que he leído del mito para escribir estas líneas-, el rey Sísifo acusó al dios de dioses de raptar a una ninfa -se atrevió a desafiar el imperio de las normas, a la razón concebida, a los mandatos, lo aceptado, al imperio -y resalto imperio- de los que mandan y fijan las reglas para todxs viviendo de las mayorías de la plebe y cuando Tánatos, dios de la muerte, fue a buscarlo por orden de Zeus, para llevarlo preso al inframundo, Sísifo logró engañarlo poniéndole a él los grilletes. Motivo por el que nadie murió en la tierra hasta que Ares liberó a Tánatos. Hagan ustedes las analogías con la historia reciente y los personajes que gusten.

A pesar de todo lo dicho y algunos rulos que da la historia, el ultraje más destacado que cometió Sísifo al ser trasladado al inframundo fue burlar a Hades en sus designios para regresar al mundo superior, pergeñando con su compañera una maniobra distractiva respecto a todos los actos de traición del que lo culpaba Zeus, aparentemente las mentiras que el soberano llevó a cabo fueron, un poquito ingenuas de su parte -ya que a la muerte no se la puede engañar- Cuando por fin llegó su hora, los dioses decidieron en conjunto la sentencia, el castigo sería el dolor físico, la humillación eterna o quizás desempeñar alguna labor útil a los dioses.

Luego de arduos debates los dioses decidieron que la pena que debía cumplir era experimentar de primera mano el “sin sentido” durante el resto de la eternidad, ¿de qué manera? empujado una gran piedra redondeada desde el pie de una montaña hasta la cima, sólo bastaba que Sísifo cumpliera la meta y una vez allí tenía que ver como ésta caía de nuevo hasta el punto de partida para volverla a subir una y otra vez, así, el que una vez fue rey debía realizar la tarea en el rol de un esclavo de forma perpetua.

Sísifo, por Tiziano.

Toda esta intro vale el preludio de esta nota, es la excusa necesaria para la analogía y las licencias que me tomo al reinterpretar otro escrito sobre el mismo tema, esta vez sobre la curiosidad de Alberto, el francés Camus, no el actual, quien publicó en 1942 un ensayo titulado “el mito de Sísifo”. En él realiza un comentario crítico acerca del mismísimo fundamentado pero con las máximas y principios básicos de la corriente filosófica a la que pertenecía, el absurdo.

Para proseguir unifiquemos diccionarios. ¿En qué consiste la filosofía del absurdo para este escritor? El absurdo se ocupa, de la naturaleza del absurdo, este término no debe de ser interpretado coloquialmente como sinónimo de ilógico incoherente o estúpido, estamos hablando de palabras que se podría parecer pero no quieren decir lo mismo, aquí el absurdo contiene el conflicto interno del ser humano entre la búsqueda de un sentido de vida, intrínseco, esclarecedor, objetivo y su aparente inexistencia. Puesto en palabras más claras: algo así como que no sabemos por qué estamos aquí, cuál es nuestro objetivo final, tanto a nivel individual como colectivo, -si es que hubiera alguno- y para colmo, ningún ente superior, fuerza universal o deidad se encargará de reorganizar y transformar la materia para satisfacer nuestras necesidades vitales y protegernos de los peligros que nos brinda el entorno, sólo vos y tu comunidad pueden -Camus en su explicación va como quien no quiere la cosa hasta subestimando la capacidad transformadora del propio ser humano- y en el hipotético escenario de que planifiquemos un proyecto de vida provechoso para la sociedad y gratificante para nosotros, nuestra satisfacción siempre estaría marcada por algo ineludible, la muerte, acorde al pensamiento de Camus los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar un significado dentro del universo, son fracasos estrepitosos por definición… puesto que no existe una explicación racional capaz de unificarlo todo, Chan!!! Acá mucho cuidado, no es que el mundo per se sea absurdo, ni tampoco el hombre como tal; el absurdo surge cuando la necesaria y latente necesidad del ser humano por entender cómo funcionan las cosas y darle sentido a su existencia toca radicalmente con la irracionalidad que este mundo destila, esto es cuando la necesidad y deseo por buscar un resultado para cada causa, una razón para cada acción y un todo para cada parte, el ser humano se encuentra con la irreductibilidad de un principio racional y razonable, creemos que sabemos, pero nuestro conocimiento es una montañita de arena en comparación a los desiertos inagotables de lo que ignoramos.

Bajo dichas circunstancias, según Camus, lo que un ciudadano medio que razone podría esperar de su vida es poco más que un conjunto de actos monótonos, repetitivos, útiles, inútiles y vacíos de significado que ejecuta por costumbre, tradición e inercia, más que por coherencia, convicción y lógica. Vamos a traer aquí un fragmento que describe muy bien la sensación del absurdo para Camus:

«Llegó un día en el que un hombre se percató de que tenía 30 años de edad y con tal pretexto se reafirmó en su juventud, sin embargo no tardó mucho en situarse en relación con el tiempo y fue ahí cuando se horrorizó contemplando a su peor enemigo, el tiempo, no le pertenecía, sino que él pertenecía al tiempo, solía desear con furor que fuera mañana, un día tras otro, cuando lo más sensato habría sido justo lo contrario: negarse rotundamente. Esa rebelión encarnecida es el absurdo de manera análoga al mito de Sísifo, gran parte de nuestra existencia se refugia en la esperanza, en el mañana, pese a que estemos un paso más cerca de la muerte, por ello el preciso instante en el que uno realiza un profundo acto de introspección y se percata del carácter matinal de la vida en primera persona, es sumamente impactante”.

Mientras escribo estas líneas me pregunto si vos lectxr estás al igual que yo en una maraña de pensamientos, leyendo y releyendo la infinidad de conceptos, disparadores que se decantan en el bocho a medida que avanzamos, es como cuando probás un sabor nuevo, exótico, que dispara tus papilas gustativas, que te lleva a mares de sensaciones, experiencias, olores, momentos guardados en tu ser, algo de las conexiones que hace este loco en este texto dispara todo eso en este momento, y en estas circunstancias a dos semanas de una elección que puede definir el futuro de nuestra historia como pueblo libre y soberano para las próximas décadas. ¿Y qué tiene que ver?, dirás. Es que venimos teniendo percepciones, como las de la nona, esas como la de la rodilla o el codo cuando el clima va a cambiar, ¿viste? Pero para comprender volvamos a Camus. Las secuelas de la segunda guerra mundial constituyeron el tiempo, el lugar propicio para la gestación de las ideas del pensamiento absurdista especialmente en las devastadas tierras francesas, la pandemia es el caldo de cultivo actual, para algunos del último gran experimento en control social: las redes, las plataformas y la virtualidad dando muerte tal vez a los medios tradicionales. Las nuevas narrativas, la falta de contacto humano, vernos a través de una pantalla deshumaniza, se refleja el síndrome de falta de empatía que tienen los operadores de drones de las fuerzas asesinas gringas en medio oriente. Dicho esto, ¿cómo se refleja este concepto en los hábitos contemporáneos? Sin duda el ejemplo más singular que nos ofrece el pensador es el del trabajador. Llega un momento en el que el escenario en el que transcurre nuestra vida se trastoca por su propio peso, levantarse, el bondi, el tren, la bici, trabajar cuatro horas en la fábrica, en la oficina, en el home office, comer rápidamente, trabajar otras cuatro horas, volver a casa, cenar, dormir y repetir el ciclo, lunes, martes, miércoles, jueves ,viernes y sábado, durante todas las semanas hasta que un día cualquiera surge la inevitable pregunta: ¿Para qué? Y es entonces, cuando se acentúa esa laxitud teñida de hastío e incomprensión de sí mismo, es oportuno destacar la referencia de Simón de Woodward con respecto al castigo de la piedra, pocas tareas se asemejan más a la tortura de Sísifo que el trabajo doméstico con su infinita repetición lo limpio se ensucia y lo sucio se limpia una y otra vez, jornada tras jornada, tareas tan mundanas como comer dormir hacer ejercicio o cojer tampoco se escapan a esta dinámica en bucle, asentadas por dos años de pandemia viral, y cuatro de pandemia neoliberal.

Albert Camus.

Además Albert Camus nos ofrece en el capítulo dos del libro tres arquetipos bastante representativos del hombre absurdo que merece la pena repasar:

• El primero es la figura del donjuán, un seductor libertino y burlesco que vive el amor de forma apasionada y desenfrenada, según él no hay encuentro más generoso que las relaciones más pasajeras y singulares motivo por lo cual busca galantear a diferentes mujeres reiteradamente con objeto de demostrar su osadía y palpar en carne viva las fases iniciales del enamoramiento.

• El segundo caso es el actor cuya labor primordial es representar vidas de primera para alcanzar una fama efímera. A la postre, es una persona que se convierte en personaje para volver a ser persona sucesivas veces de suerte que él parece y acaba haciendo paulatinamente al ser.

• El tercer ejemplo es el del guerrero, aquel ciudadano que renuncia todas las promesas de eternidad para ocuparse por completo de la historia consciente, de que ninguna victoria o conquista es definitiva y nada perdurará para siempre, rechaza de lleno la mera contemplación y se decanta por la acción.

Empero lo verdaderamente trágico de todos estos testimonios no es el propio hecho de realizar las actividades mencionadas sino el momento exacto en el que uno se da cuenta de lo ridículas que son estas situaciones en todas sus facetas, nos dice Camus, mostrando interés en los pensamientos de Sísifo justo después de haber llegado al pico de la montaña esto es mientras marcha de regreso al pie para rodar la piedra inmensa una vez más, es ahí desde el instante en el que el héroe se vuelve consciente de su miserable condición, experimenta la auténtica tragedia, a la par que los pensamientos que sucumben al empleado al volver de la oficina, al que limpia tras terminar de pasar el trapo por el suelo, al seductor nada más conquista a otra mujer, al actor cuando finaliza su papel y al guerrero después de ganar la batalla, el amargo sabor en la boca al constatar la irrelevancia de nuestros actos, el dominio de lo irracional, la ausencia de un sentido de vida íntegro y holístico, la hostilidad primitiva del mundo, de sus corporaciones y la fugacidad de la vida en combinación con la impotencia que uno atraviesa cada vez que grita desesperadamente al vacío para hallar una respuesta y se topa con el más absoluto y estremecedor silencio, ¡eso es en definitiva el absurdo!

Probablemente muchos de nosotros pensamos “qué horror la vida vista así”, “esto es insufrible”, y con razón porque la primera parte de la reflexión no invita precisamente al optimismo. ¿Qué hacemos entonces? Pues no nos queda otra más que continuar con el hilo conductor de Camus para averiguar cuáles son las opciones. Concretamente son tres los caminos que podríamos emprender para superar esta problemática tan apremiante.
En primer lugar Alberto -el francés, no el presidente- escudriña los caminos del suicidio (¿político?), empieza su ensayo con la siguiente cadena de palabras: “sólo hay un problema filosófico realmente serio, el suicidio” -y en política ni te cuento- el resto de las cuestiones, véase que es lo real, ¿qué es la justicia? ¿existe la libre elección?, ¿existe algo más grande que uno, dios o hay algo después de la muerte?, estas preguntas estarían como pasatiempos secundarios en comparación con el asunto que precede con lo escrito, primero cabría pensar que esta variable no resulta tan loca como parece desde fuera, a fin de cuentas, si el problema radica en la toma de conciencia acerca de la fatal condición de la existencia humana, o sus organizaciones y quien las representa. ¿No sería acaso buena idea suprimir dicha existencia? ¿no sería la solución más coherente eliminarnos del mapa? qué facilista transitar ese camino, ¿verdad? ¡Pues no!

Camus defiende que al quitarse la vida uno confiesa subrepticiamente que no merece la pena vivir en sí y eso es lo que quiere el enemigo del pueblo, presta mucha atención a la siguiente cita: “no hay nada que refuerce más el absurdo que el hecho de acabar con la vida voluntariamente”, debido a la presencia del absurdo, matarse es equivalente a confesar que la vida nos supera o directamente que no la hemos entendido al no hallar una respuesta inexistente, nos percatamos de que proceder así encierra una contradicción, queremos marcharnos por el absurdo pero hacerlo implicaría una resignación total ante el absurdo -otra vez hacé las analogías del caso, comunidad, organización, espacio, personas en la cosmogonía política actual- lo cual es el absurdo.

En el apego de una persona a su vida militante hay algo más poderoso que todas las miserias del mundo o de las operaciones y los egoísmos de propios o ajenos. El juicio corporal equivale al espiritual y en consecuencia el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento, las personas son del absurdo como el absurdo es a las personas, se puede vivir con él, no obstante, ¿cómo podría unx convivir con el absurdo sin hundirse ante su presencia?, en todo caso, ¿estamos capacitados para soportarlo? Lo veremos enseguida.

Luego Camus plantea el salto de fe como elección moral y epistemológica consiste en la adopción de un sistema de creencias religioso o espiritual cuyas ideas estén justificadas por la existencia de un sentido vital divino y absoluto -que más comparable a como concebimos algunxs la militancia dentro de un proyecto revolucionario nacional y popular- esto es una concepción de la realidad bajo un marco de fe que trascienda el absurdo, según el filósofo Soren Kierkegaard, el padre del existencialismo, un salto de fe hacia lo intangible y empíricamente indemostrable puede ser considerado como una postura sumamente irracional pero también necesaria ya que vivir es lo más sensato, ¿qué menos que depositar nuestras esperanzas en un ente omnipotente y omnipresente que otorga una respuesta definitoria ante las cuestiones que el absurdo deja en el tintero y de esta manera poder apaciguar las acuciantes ansias de certidumbre y conocimiento inmanentes a la naturaleza humana? -y ojo que no hablo de Cristina, hablo del proyecto que mueve el fuego del que estamos provistos lxs militantxs, el que crea comunidad, empatía: la fuerza de un pueblo-.

Sin embargo Camus, como los militantes, no aboga por el discurso del danés porque al escapar de la racionalidad el creyente se está sometiendo a una abstracción sobre la experiencia personal que niega por completo la existencia del absurdo y dado que el absurdo seguirá ahí independientemente de que se niegue o no, esta opción es catalogada por el autor como suicidio filosófico ante dicha coyuntura. ¿Cuál es la última opción encima de la mesa si no podemos evadir el problema física o mentalmente, si el suicidio político, literal o metafórico es contraproducente o inútil, si magnificar o negar el absurdo no procede, ¿qué nos queda entonces? Conviene hacer una lectura al final de la obra para arribar a la posición del escritor, él advierte que uno no se imagina a Sísifo como un ser miserable pues el héroe ya es perfectamente consciente de su castigo y por tanto no espera que su situación vaya a mejorar, tampoco ruega a los dioses desesperadamente para que lo absuelvan de sus cargos, ni mucho menos inventa esquemas racionales que excusen su sufrimiento, en su lugar el rey comprende cabalmente que haga lo que haga lo único que tiene sentido es sublevarse en contra de los dioses, bajando al pie de la montaña para empujar hacia arriba de nuevo, la tarea es inútil, su destino es inevitable, él lo sabe y aún así continúa haciéndola y es precisamente el reconocimiento de la verdad lo que acaba conquistándola, porque lo que buscaban los dioses desde un principio no era que cargara con la piedra sin más, sino que se cuestionara el por qué tenía que hacerlo una y otra vez, la verdadera tortura es ese ¿para qué? ¿para qué? ¿para qué? que nunca cesa.

Desde el momento en el que Sísifo disfruta de su castigo sin cuestionarse, lo sobrepasa y es liberado del mismo ya que el castigo deja de ser castigo, ergo la la opción que elige y la más pertinente es la de la aceptación, un estado en el que el individuo no sólo reconoce la estampa absurdista sino que se apropia, la saborea, la comprende, la vive en vez de elegir ignorar o enfrenta el problema con las herramientas de su enemigo, este se enfrenta por medio de la conciencia transformando en regla de vida lo que antes era una invitación a la muerte.

Ahora bien, ¿cómo puede uno encarar tremenda verdad? Sabiendo que tomar al toro por los cuernos es mejor que darle la espalda pues al menos te da otras oportunidades, inciertas, pero otras. Comprender esto trae tres consecuencias esenciales del absurdo, la rebeldía, la pasión y la libertad.

Empecemos por la rebeldía

Al pronunciar la palabra aceptación parte de los lectores habrán interpretado el término como un acto de pasividad en el que uno simplemente tira la toalla ante las circunstancias, nada más lejos de la realidad, la noción de aceptación que Camus proclama es un tanto difícil de entender pues ésta viene acompañada de la resignación y al mismo tiempo de una actitud activa y lúcida por lo tanto constituye una adicción oxímoron. El absurdo está ahí y Sísifo , Camus, -o nosotros militantes- lo acepta pero esto no implica que no deba despreciarlo, desafiarlo o rebelarse contra él, en el acto de rebeldía el sujeto admite conscientemente la puesta en escena del absurdo y a la par manifiesta expresamente su disposición a enfrentarlo. El autor declara que vivir una experiencia, un destino, implica aceptarlo plenamente, pero no viviremos tal destino si no hacemos todo lo posible para actualizar nuestra conciencia frente al absurdo, vivir es darle vida al absurdo y darle vida es sobre todo mirarlo. La rebeldía consiste en aquella confrontación perpetua y directa del ser humano con su propia oscuridad, en cuestionar el mundo y a sus sistemas a cada segundo, no hay aspiración, esperanza, deseo o meta alguna para un pueblo que no sea rebelde, sin una revuelta ideológica protagonizada por la garantía de la razon abrumadora de la justicia social, la equidad, la igualdad ha de ser despreciado cualquiera y ademas afrontado con gallardía.

Según Camus es la rebeldía la que otorga a la vida su precio y grandeza, pues exalta la inteligencia y el orgullo de las personas que son capaces de luchar contra una realidad que lo trasciende, su única verdad es la justicia, la dignidad, el deseo, el desafío, la historia, el legado y la decisión más importante que toma cada día es la de no matar o morir.

Continuemos con la pasión

Vivir en un universo absurdo consiste en multiplicar las experiencias lúcidas para estar al frente del mundo con la mayor frecuencia posible, por ende sentir la rebelión y la libertad en su máximo apogeo implica vivir el absurdo tanto como uno pueda, puesto en palabras más allá el pensador antepone la cantidad antes que la calidad, en cuanto momentos se refiere, es decir: el ideal del hombre absurdo se convierte en una sucesión de momentos presentes ante un alma constantemente consciente de ellos, la mejor forma de encarar el absurdo es encarnado los roles de Sísifo, el obrero, el actor o el guerrero expuestos previamente, enaltecerlos como modelos absurdistas apasionados. Traeré un fragmento en relación a la figura del seductor para ilustrar este paradigma, podría traer el de un político profesional sin militancia pero mejor vamos con la del Donjuán, ya que traer la de un ser entristecido no resulta verosímil o atractivo para la mayoría y se complicaría el desarrollo. Volvamos, sus características: risa insolente y ganadora, grandes ardides que muestran inclinación a lo teatral, presencia entendida ésta como que cumple la heteronorma del sentido común creado, son claros y alegres, auto justificándose en que todo ser humano tiende a multiplicarse, se muestran divertidos alejándose de la tristeza, los tristes tienen dos motivos para estarlo, ignorar o esperar, él sabe y no espera. Se lo asocia o simboliza vulgarmente como un seductor corriente, es un seductor ordinario con la diferencia de que es consciente de ello, seducir es su estado, lo que el Donjuán pone en práctica es la ética de la cantidad y no la calidad tal y como predica el santo, el tiempo marcha junto a él puesto que recorre estruja y disfruta a la par que rechaza la añoranza hacia lo vivido. En definitiva el carpe diem está a la orden del día pero no se trata de un carpe diem ciego, iluso, instintivo, tal y como estamos acostumbrados a ver en el mundo moderno, uno ha de ser consciente del presente para poder extraer todo el jugo del mismo.

Ahora finalicemos con la libertad

Antes de encontrarse con el absurdo el individuo tenía la ilusión de ser libre. En realidad no era más que un esclavo de hábitos o prejuicios que daban a su vida una falsa apariencia de propósito importancia y valor. Es justamente el descubrimiento del absurdo lo que le permite al hombre ver todo desde una nueva perspectiva, liberándose definitivamente de sus grilletes. Desde el momento en el que reconoce con lucidez su condición desesperada inequívoca e ineludible, nada tiene sentido ergo siempre que no perjudique a terceros soy libre de obrar sin imposiciones vacías o normas estrictas. En consecuencia aunque el hombre absurdo deje de lado el problema de la libertad en sí es capaz de experimentar la libertad mental o de acción en tanto y en cuanto aniquila las reglas comunes y, por tanto, aprende a vivir sin apelación alguna más allá del genuino respeto a los proyectos vitales ajenos. Es más dada la angustia y confusión derivada de la falta de significado en el plano macro. Hay quienes se cuestionan si tiene cabida la creación de un sentido vital, ¿por qué no lo diseñamos nosotros desde nuestra libertad en lugar de buscarlo en el universo? En aras de responder, echemos un vistazo a otros movimientos filosóficos.

La filosofía del absurdo se originó junto con las tensiones del existencialismo ateísta y el nihilismo del siglo 20, por lo que es lógico que comparta algunos puntos de partida con ambos siendo el más destacable la existencia de un sinsentido a nivel integral. Sin embargo el absurdo también encierra conclusiones divergentes en relación a estas escuelas de pensamiento, mientras los nihilistas sostienen que es francamente inútil crear un significado personal y los existencialistas abogan por la construcción y persecución de un propósito que constituye un sentido de vida subjetivo por el que merezca la pena vivir, los absurdistas se ubican en un punto intermedio de la escala, considerando dicha opción como una posibilidad lógica o estratégica, aceptable siempre y cuando uno siga desafiando y atacando el absurdo pues la muerte, la inacción terminará cancelando -diríamos hoy- todo significado según el francés.

La libertad individual, la felicidad plena y la oportunidad de dar sentido a la vida -militante-, radica en el reconocimiento previo del absurdo, de uno mismo, y sus acciones individuales para fortalecer un proyecto colectivo de vida. Pues la comprensión de que el cosmos, o nuestro mundo, está desprovisto de absolutos es lo que posibilita nuestra libertad.

Sigo suponiendo que el mundo de muchos mortales, no contiene un sentido superior pero sé que hay algo en él que tiene sentido: nuestro pueblo y sus causas de equidad, dignidad y justicia social. Las personas ante su prójimo, ante el otro, siendo el otro. Es este encuentro lo que le da sentido a todo el esfuerzo militante cotidiano de quienes subimos la montaña con la piedra, sapos y demases, una y otra vez con alegría y pasión, lo que me enorgullece de pertenecer a esas personas que están dispuestas a afrontarlo porque con la convicción de nuestras ideas de justicia, con la pasión, y la razón, estamos haciendo el presente y la historia. A no bajar los brazos que la lucha es continua y la militancia es nuestra forma de vida elegida.