EMPEZÓ LA CAMPAÑA

Martes 30 de agosto del 2022

Escribe: Agustín Ortiz

Los episodios transcurridos en la tarde noche del sábado dieron comienzo a la campaña presidencial 2023. Por un lado, Cristina logrando la unidad y movilización del peronismo en su defensa, en un contexto de incertidumbre y aparente quietud política. Por otro lado, Rodríguez Larreta y el núcleo duro de Juntos en la Ciudad de Buenos Aires decidieron comenzarla buscando el apoyo del votante más radicalizado de la derecha. Su mensaje es claro y parece estar en sintonía con el burdo lawfare que se está desarrollando contra la vicepresidenta. Esto es, si la Justicia busca proscribir a Cristina, el sector que representa Larreta va a aportar desde el plano político con persecución y represión a la militancia peronista. Además, también es un intento por dejar de claro que el monopolio de la violencia en CABA la tiene una institución creada política e ideológicamente por el Pro: la Policía de la Ciudad, una especie de Gestapo gendarme del poder político de este partido gobernante.

La policía del Pro y Larreta reprimiendo la manifestación de apoyo a la vicepresidenta de la Nación. Imagen: Télam.

La acusación del fiscal Luciani contra CFK demuestra que la Justicia y el poder real pretenden avanzar con uno de los más explícitos caso de lawfare del continente, algo similar a lo que llevó a la cárcel a Lula en Brasil sin pruebas y permitió la victoria de Jair Bolsonaro. No hay pruebas para el pedido de 12 años de condena, solo «sentido común» como expresó el fiscal. Sin embargo, en su búsqueda tajante por encarcelar a la vicepresidenta, la movilización popular los obligó a replegarse y dejar que juegue su pata política. En este sentido, Larreta es quien ejecuta el mismo plan y lo defiende por cadena nacional junto a su sector con rostros serios y desafiantes. Se trata ni más ni menos del Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires admitiendo y reivindicando la persecución policial, el espionaje ilegal y represión a dirigentes del Frente de Todos.

Rostros serios entre los miembros de Juntos el sábado por la noche. Imagen: Walter Carrera

Las imágenes del sábado por la tarde demostraron que pretenden avanzar caiga quien caiga, utilizando a su fuerza de choque: la Policía de la Ciudad. Por este motivo, prohibieron el paso a Máximo Kirchner, quien estaba en todo su derecho de permanecer en el sitio al ser diputado nacional e hijo de la vicepresidenta. Un provocador vallado impedía el contacto entre masa y líder. Asimismo, reprimieron la columna en la que se encontraba el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof con conocimiento de su presencia en el lugar. Es decir, es obligatorio para todo el arco político tomar dimensión de la gravedad institucional que ello representa y del atropello que llevó a cabo la Policía de la Ciudad como aparato ideológico represivo del Ejecutivo porteño.

Axel Kicillof entre los manifestantes. Imagen: Ernesto «Durazno» González/ Hamartia.

Mientras tanto, a Cristina la llamaron a jugar, a subirse a la campaña presidencial del próximo año por la fuerza, y pretende demostrar que es quien mejor entiende como se juega políticamente en este país. Y otra variable que se suma como contrapartida al avance judicial, mediático y político, de carácter antipopular y proscriptivo, es la movilización popular. Un factor que por error de cálculo o soberbia omitieron.

Bandera de CFK flameando sobre Talcahuano. Imagen: Ernesto «Durazno» González/ Hamartia.

En conclusión, la campaña 2023 comenzó con lawfare e intento de proscripción, hechos que no cierran sin represión como intento de disciplinamiento. Para atacan a la vicepresidenta y a su militancia siguen el mismo manual de recetas utilizado en Brasil por el juez Sergio Moro, que proscribió a Lula da Silva impidiendo su candidatura presidencial de 2018, factor que permitió el ascenso y la victoria de Bolsonaro. En Argentina, al contrario del caso brasileño, el pueblo movilizado asegura que no pasarán.