LA EXTREMA DERECHA LLEGÓ HACE RATO

Viernes 9 de septiembre del 2022

Escribe: Agustín Ortiz

Los medios hegemónicos de comunicación hace más de una década dedican horas y horas televisivas a «la grieta», un concepto inventado por Lanata en 2012. El concepto supone la división de la sociedad en dos bandos antagónicos y excluyentes uno del otro, reviviendo tal cual el ideal sarmientino de <<civilización o barbarie>>.

La instalación de la idea de grieta le sirvió a la derecha para imponerse en 2015 y fue el caballo de Troya que introdujo los discursos de odio con permiso incluído para expresar cualquier barbaridad desde los medios de comunicación y las redes sociales. Desde la Ciencia Política, el concepto más cercano a grieta es el de polarización. Sin embargo, nada de eso existe en la política ni en la sociedad argentina. No hay una sociedad partida en dos ni enfrentada. Al contrario, no hay violencia desde dos bandos contrapuestos, ni siquiera en esta situación con 50% de pobreza. Como mucho existen los movimientos sociales que cada tanto cortan una calle principal de la diminuta ciudad de Buenos Aires (respecto al resto del país), para pedir cobrar un Potenciar Trabajo. Por lo tanto, lo que existe es una radicalización de la derecha.

Ataque con antorchas a Casa Rosada hace unas semanas. Foto: Emmanuel González

En un estado de polarización, ambos bandos se desplazan con tendencia hacia los extremos, pero en este caso, la realidad indica que tiene la tendencia hacía los extremos avanza en una sola dirección. Si no está La Cámpora asaltando cuarteles ni secuestrando productores agropecuaros, entonces, ¿de qué grieta hablamos?

Actualmente la derecha tiende hacia los extremos, en especial con discursos y acción directa contra el peronismo y los sectores populares pero especialmente contra la figura Cristina, la causante de «todos los males», según estos grupos. Por males entendamos «vagos», «planeros», «corruptos». Es un fenómeno similar a lo que ocurre en Europa pero con ciertas diferencias. Los movimientos de derecha europeos son extremadamente xenófobos y acusan a los migrantes de «robar el trabajo» y ser los causantes de «todos los males». También dirigen su odio contra colectivos como el movimiento feminista, el LGTB+ y otras minorías. Los miembros de la extrema derecha, en cambio, serían la «gente de bien», aunque en muchos de esos casos jamás trabajaron y/o reciben algún tipo de plan social.

El mecanismo funciona a través del odio y la violencia, y el resto de la sociedad suele subestimarlos y tiende a la pasividad, esperando al año próximo en que hay elecciones (pasó en 2018-2019, pasa ahora), mientras tanto la derecha se sigue organizando y radicalizando ya que la democracia no les interesa.

Bolsas mortuorias contra Casa Rosada en febrero.

Debemos entender que estos grupos ya existen, que no son tan minúsculos ni desorganizados como parecen y que su tejido es subterráneo, apenas los vemos irrumpir en la superficie de manera violenta. Su composición dista mucho de la oligarquía, ni muchos menos, son pobres de derecha, descontentos por no poder acceder a cierto consumo, o que por haber accedido creen más de lo que son (Milei, Espert y el común de sus seguidores).

Su crecimiento es tan viral y va transformando a fuego lento el sentido común, tal es así que la derecha tradicional se les pliega para no perder peso y eso los potencia. En los últimos tiempos se les sumaron Bullrich, López Murphy, Martín Tetaz, entre otros. Rodríguez Larreta va camino a eso.

López Murphy ante una disyuntiva.

El politólogo Leonardo Frieiro, colaborador en la Revista Jacobin para Latinoamérica, publicó hace exactamente un año un artículo que describe a la perfección este fenómeno de radicalización de la derecha en Argentina. El punto de partida su visibilización lo podemos tomar en la elección legislativa en la ciudad de Buenos Aires que catapultó a Javier Milei al Congreso. En dicho artículo nota un patrón bastante particular: «obtuvo más votos en Villa 31 y Liniers, que en Palermo y Recoleta». Esto nos dice, entonces, que el fenómeno no transita necesariamente en las élites pudientes sino en su reverso, en los sectores populares y además mayoritariamente en jóvenes, varones y heterosexuales. Por otro parte, el autor indica que no se debe ilegalizar a la extrema derecha ya que se les daría la oportunidad de victimizarse, y por ende, potenciarse. Además señala que tampoco debe ridiculizarse a sus miembros para poder contrarrestarlos y disminuirlos con argumentos, un fuerte del que carecen ya que desparraman lemas violentos sin sentido, contaminados prejuicios de todo tipo. Tras el intento de magnicidio contra Cristina, no tardaron en atribuirle la característica de lúmpenes y marginales desorganizados a quienes intentaron llevarlo a cabo, una hipótesis bajada desde los principales medios de comunicación que con el avance de la investigación pierde peso cada vez más.

Inclusiva y democrática propuesta de Espert en campaña.

La extrema derecha se encuentra en la sociedad argentina, como lo está en la española con Vox, la francesa con el Frente Nacional, la italiana con Fratelli d’Italia, la estadounidense con los supremacistas blancos o la brasileña con los seguidores de Bolsonaro. En el resto del mundo existen un sinfín de etcéteras. Negar su fuerza es un absurdo ya que está a la vista sus discursos y también los hechos que están dispuestos a cometer. Si este fenómeno radica más en las clases populares y en jóvenes que en sectores de derecha tradicionales,será tarea par los gobiernos populares y la democracia atacar las causas: más empleo, más inclusión y por sobre todas las cosas, mucha educación. También, para los movimientos y partidos del campo popular para organizarse y construir una hegemonía que combata esos discursos que no son difíciles de derribar, para ello es necesaria la formación de cuadros políticos con herramientas y fundamentos sólidos.