PIXIES EN ARGENTINA: NI HOLA, NI GRACIAS, NI CHAU

Domingo 23 de octubre del 2022

Escribe: Gabriel De Milo

El viernes 14 de octubre tuvo su bautismo iniciático en el país el famoso festival europeo Primavera Sound; en un predio al lado del río en costanera sur azotado por ráfagas de viento intensas y un clima que poco le hizo honor al nombre del festival, un público en su mayoría de más de 40, se reunió a celebrar entre otras cosas el regreso de Pixies a la Argentina.

Pixies, en vivo, Primavera Sound 2022.

Si bien la tarde comenzó en un tono lo-fi de la mano de Las Ligas Menores y luego con Cat Power, no había dudas de que era el show de Pixies uno de los más esperados, aun cuando luego llegaría el cierre de la mano de Jack White. Es sabido que así como lo han hecho muchísimas bandas internacionales, los Pixies tienen en nuestro país un público fiel y que dice presente en cada oportunidad en la que el destino los trae de regreso. Esta era esa nueva oportunidad y allí estuvimos.

Ahora bien, allí estábamos los «más de 40» debatiéndonos entre si una cerveza y brindar por el rock o un cortado que nos caliente el cuerpo, ansiosos, expectantes, casi acurrucados aguardando el comienzo del show anunciado para las 20:45 hs. Con respecto a esto del horario tengo un debate interno sobre la puntualidad y el rock (hasta 15 minutos de atraso me parece hasta sano). Como decía anteriormente el show estaba anunciado 20:45 hs, y repentinamente entre gente confiada yendo al baño, otros volviendo de beber algo y algunos paseándose por allí, 20:44 hs se apagaron las luces del escenario y 20:45 puntual sonó el primer acorde de «Young And Joyful Bandit». Los Pixies estaban en escena.

Francis Black, Pixies.

Durante una hora y media, sin siquiera decir «hola», los comandados por Black Francis (quien para el que nunca lo vio podría confundirlo tranquilamente con un chofer de taxi o de colectivo, por su boina y su look de camisa y jean), hicieron lo que vinieron a hacer, ponernos a saltar y cantar sacudiendo todo rastro de adolescencia y adrenalina que llevamos en el cuerpo, una embestida arrolladora de punk, rock y noise, al ritmo de los histrionicos fraseos de la guitarra de Joey Santiago, la inconfundible batería de David Lovering y ese bajo que no solo marca el ritmo a la perfección, sino que además esta en manos de la verdadera reina argentina Paz Lenchantin. Un repertorio que pasó por todas las etapas de la banda, incluso por algunos de los nuevos temas de «Doggerel»; todo era música, sin cortes ni pausas, sin decir «gracias» ni ponerse adulador. El público clamaba y aplaudía con cada acorde final entre canciones y al instante se sucedía una más. Así pasaron entre otras tantas «Debaser», «Wave of Mutilation», «Monkey Gone To Heaven», «Here Comes Your Man», «Hey», «Tame», «Gouge Away», un repaso casi completo por uno de sus discos más exitosos como «Doolittle». Así nos olvidamos del frío, del viento y nos abrazamos al calor que bajaba desde ese escenario prendido fuego por los Pixies.

Teniendo en cuenta la excesiva puntualidad, supimos que el final estaba al caer cuando el momento «Where’s is my Mind» se presentó ante nosotros. Ahí se hizo evidente que las generaciones se entremezclaron, que el rock no tiene edad, que una buena banda siempre lo será, fue ahí cuando las pantallas de los celulares se alzaron ante nosotros buscando el momento festivalero infaltable, ese que de seguro será luego «likeado» por decenas en redes sociales. Como supusimos casi de antemano mirando la grilla, 22:15 hs los Pixies estaban abrazados frente al público presente, haciendo una reverencia y continuando con ese silencio tan lleno de palabras, ese que no necesita explicaciones, así sin decir «chau», solo sabiendo que habían logrado su objetivo una vez más, salieron de aquel escenario que había sido testigo de un show como hacía tiempo estábamos necesitando, para poder seguir confiando en que el rock no murió y lejos esta de que suceda.