ELECCIONES EN BRASIL: DEMOCRACIA O EL OCASO

Domingo 30 de octubre del 2022

Escribe: Agustín Ortiz

La elección de segundo turno en Brasil se llevará a cabo este domingo 30 de octubre en el marco de una polarización inédita que la vuelve histórica. La dimensión del triunfo de uno u otro candidato también lo es y se deberá a la imposición de uno de los dos modelos antagónicos en juego, los cuales son un parteaguas incluso en los sectores populares.

En la primera vuelta del 2 de octubre, el candidato del PT, Lula da Silva, obtuvo el 48,43% en busca de su tercer mandato como presidente del Brasil. Dichos números lo dejaron en las puertas del 50% necesario para llevarse la elección en primer turno. Por su parte, la plataforma del actual presidente Jair Bolsonaro por el Partido Liberal logró un 43,20%, demostrando que los números que arrojaban la mayoría de las encuestadoras eran por lo menos erróneos, ya que lo ubicaban hasta 10 puntos por debajo de Lula, o daban ganador al líder del PT en primera vuelta. Para este balotaje, resulta interesante saber cómo será la migración de votos de los otros candidatos como Ciro Gómes y Simone Tebet, quienes públicamente anunciaron su apoyo a Lula para esta elección.

Militantes del PT en la Avenida Paulista. Imagen: Paula Moraes

No obstante, no hay que descartar una escalada de votos de Bolsonaro, debido a que así como en primera vuelta las encuestadoras fallaron, también puede ocurrir en la segunda. Esto puede deberse en parte a la inyección de dinero anticipado que hizo el gobierno en las últimas semanas correspondiente a planes sociales para las regiones más pobres y también al depósito en la urna del voto <<vergüenza>>, dícese de aquel voto no expresado públicamente. Aún así, dicha serie de posibilidades pueden generar un mayor caudal de votos para el presidente en ejercicio más no ocasionar el triunfo ya que incluso necesitaría de que votantes de Lula en primera vuelta sé inclinen por él para este turno.

Respecto de las encuestas para este domingo, la relación de votos entre ambos aparenta ser estrecha. Una de las encuestadoras, IPEC, arrojó que Lula se impondría por ocho puntos (54% a 46%). La encuestadora Datafolha asegura que la intención de voto para Lula pasó del 58% al 61% entre las personas que recibieron el Auxilio Brasil, lo que indicaría que el anticipo económico para los sectores más desfavorecidos no haría mella en favor de Bolsonaro, quien recibiría un número cercano al 34% entre dichos sectores. A nivel general, la misma encuestadora asegura la cifra de 53% para Lula y 47% para el actual presidente Bolsonaro, porcentajes que evidencian una polarización extrema.

En sus últimos tweets, Jair Bolsonaro expuso las principales banderas de un hipotético segundo mandato: privatizaciones, concesiones y reducción de la burocracia. Sus propuestas son claras, la profundización del modelo económico neoliberal que ha estado desarrollando en estos casi cuatro años de gobierno y que han sumergido a más de 30 millones de brasileños a situación de hambre extremo. Además, de capitalizar su triunfo representaría una alarma para la democracia brasileña y de la región, con un avance inédito de la derecha radical con fuertes picos antidemocráticos, exacerbado militarismo y constantes ataques contra los movimientos populares. El interrogante subyace sobre la reacción que tendrían Bolsonaro y sus grupos de seguidores en torno a lo que podría ser una derrota electoral y la vuelta de un gobierno popular, encabezado ni más ni menos por Lula da Silva. El foco está puesto en el reconocimiento del resultado y hechos de violencia contra militantes del PT como viene ocurriendo con frecuencia en los últimos meses.

En la previa del balotaje, Bolsonarista recibió el apoyo de figuras internacionales de extrema derecha como el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, un especialista en adiestrar grupos nacionalistas radicalizados y en desconocer los resultados de los comicios de ser derrota. «‘Lulú -por Lula- es un lunático de izquierda radical que destruirá rápidamente su país y todo el tremendo progreso que se logró bajo el presidente Bolsonaro, incluido el hecho de que Brasil vuelve a ser un país respetado», expresó Trump en sus redes sociales. A su vez, también calificó a Bolsonaro de «gran tipo con gran corazón».

Dios los cría, la derecha los junta. Imagen: AFP

Por el otro lado, Lula da Silva, de 77 años, volverá a disputar su cuarta elección de segunda vuelta ya que en sus candidaturas anteriores nunca ganó en primer termino: ni en 2002 ni en 2006, dónde salió victorioso, ni en 1989 dónde cayó derrotado por Fernando Collor de Melo, quien no llegó a cumplir el mandato. Atrás quedaron los reveses de la elección de primer término que indicó duras derrotas como en la gobernación del Estado de Sao Paulo, un histórico bastión del PT y la conformación de un Congreso con mayoría bolsonarista. Pese a no contar con el apoyo masivo en las principales cordones urbanos como Sao Paulo y Río de Janeiro, ni la capital Brasilia, la mayoría de votos petistas en todo el norte del país conducirían a Lula da Silva a un tercer mandato como presidente.

El viernes por la noche y con transmisión de Globo se celebró el último debate presidencial. “Quiero dar las gracias a los brasileños que me votaron en la primera vuelta. No estoy aquí representando sólo a mí. Estoy aquí en nombre de diez partidos políticos y de toda la sociedad brasileña que defiende la democracia. En nombre de los trabajadores y estudiantes”, mencionó el candidato del PT. Aquella decena de partidos políticos que menciona Lula es la unión de las fuerzas democráticas del Brasil contra el autorismo y las expresiones antidemocráticas de Bolsonaro y sus seguidores.

En contrapartida, el actual presidente Bolsonaro recurrió a su habitual discurso, con una retórica tan reiterativa como aburrida. Las acusaciones de Bolsonaro contra Lula de corrupción, de ex presidiario y de izquierdismo radical, sumadas a los golpes bajos en alusión a la falta de un dedo y otras cuestiones fue llevando un debate político genuino a un circo mediático consumido por cierto sector de la sociedad brasileña que ve a Bolsonaro como el tío desubicado que hace chistes fuera de lugar pero que consideran necesario en la mesa familiar. Pero claro, una cosa es el consumo irónico y otra muy distinta depositar un voto en la urna.

Debate de viernes por la noche. Imagen: REUTERS

En consiguiente, con la elección de segundo término finaliza una de las campañas políticas más movidas y reñidas de las últimas décadas en toda la región. El nivel de polarización sin precedentes para Brasil fue la característica principal. El domingo se acaban las especulaciones y los vaticinios de las encuestas. Si todo ocurre como en primera vuelta y sin ningún entorpecimiento de los resultados de los comicios ni de la legitimidad democrática, Lula da Silva tendrá todo dado para convertirse por tercera vez en presidente de Brasil.